Desde el 2018, un grupo de investigadores y expertos, nacionales e intencionales, han venido investigando y documentando (con mucha cautela) lo que está ocurriendo en la región sur del río Orinoco, Venezuela, en una extensión de 11.843 km2, en el área geográfica antes mencionada. Según documenta la ONG SOS Orinoco, a partir de la llamada “apertura a la minería”, se ha constituido una estructura anárquica que ha facilitado el saqueo del enorme patrimonio minero de la nación venezolana.
Por otra parte, destaca la fuente, que la extracción de minerales, especialmente oro y coltán, se ha venido realizando y expandiéndose hasta sitios no contemplados en el mapa del arco minero. Es el caso del Parque Nacional Canaima, la cuenca del río Paragua, la cuenca media y alta del río Caura (Parque Nacional Caura), el Parque Nacional Yapacana, la reserva de biosfera Alto Orinoco Casiquiare, el norte del estado Amazonas y la frontera sur del Amazonas con Colombia y partes del estado Carabobo y Cojedes
¿Qué significa esto?
Muchas cosas: desde el ámbito de la soberanía nacional, ha proliferado la presencia de grupos irregulares: bandas de delincuentes organizados desde las cárceles como “sindicatos”, los grupos paramilitares, la guerrilla colombiana (Farc, ELN), quienes son los que supervisan y fiscalizan a los mineros, es decir, existe un control de la actividad para sacarle provecho, ya sea en dinero o en especies.
En consecuencia, lo que pudo ser una actividad productiva para la población venezolana, se ha convertido en un sistema que destruye el recurso humano y ecológico debido a las prácticas de extracción que se han utilizado en detrimento de nuestro sistema fluvial, porque, como lo dice el Observatorio Socioambiental de Venezuela, 2026: “los ríos Cuyuní, Icabarú, Caroní y Caura, están en la columna vertebral logística del extractivismo. Una vez controlada la red de caminos y carreteras (bien por el ejercicio del control o mediante el establecimiento de acuerdos entre sectores) el control de los ríos, se ha escapado, consolidando no la protección del sistema hídrico, sino el dominio interesado de la región”.
Agrega el informe: “Los hechos muestran un flujo creciente y constante de combustibles, motores de alta cilindrada y maquinaria pesada que se mueven por agua hacia zonas donde no hay carreteras. Gracias a esto, la minería ha logrado penetrar en áreas que antes eran inaccesibles, como el Alto Caura y el Parque Nacional Canaima, en las cabeceras del Caroní hacia el Arabopó, o el Alto Paragua y el Alto Cuyuní.
Los datos mencionan que motores, mangueras y personal, pasan «sin problemas» por puestos de control para llegar a nuevas «bullas». Al mismo tiempo, se reporta la cada vez más frecuente operación de “grandes dragas» en el Alto Cuyuní, Bajo Caura, Alto Caroní (dentro del PN Canaima) e incluso en el río Carrao, también dentro del Parque Nacional Canaima, las cuales solo pueden ser movilizadas y mantenidas mediante este sistema de transporte fluvial masivo”.
La reflexión es: ¿Cuál es el futuro del agua para la población?
Si se están afectando de manera incontrolada los ecosistemas hídricos, el agua que era cristalina ahora contiene Iodo, Mercurio y pare de contar. Con este patrón de minería, las nuevas inversiones y la ley de minas, sin control, se aumentará el desastre ambiental.
Con tristeza pregunto: ¿Cuánto tardaremos en tomar conciencia del potencial de nuestros recursos naturales para la vida de nosotros y del planeta? ¿poner orden y recomponernos los venezolanos es un asunto tan difícil?
El informe del Observatorio Socioambiental Sur de Venezuela, enero-abril de 2026, concluye enfatizando que el extractivismo minero continúa generando una riqueza que empobrece, en la que el oro y otros minerales salen de la región hacia mercados internacionales y se insertan en economías lícitas e ilícitas, mientras que los habitantes (criollos e indígenas) quedan atrás con ríos envenenados, selvas muertas y una población enferma por epidemias que eran controlables en el pasado.
Hoy día se están efectuando cambios en las zonas mineras, pero hacia la expansión y consolidación del desastre. Los cambios, en los primeros meses del año 2026 nada tienen que ver con la exterminación de los grupos criminales, buscan su consolidación y ampliación con la participación de nuestros vecinos del norte.
La situación actual al sur de Venezuela es de crisis en crecimiento, pasando de ser un problema socio ambiental a una amenaza a la seguridad regional y humana. La destrucción del ecosistema nativo y el tejido social indígena sugiere un impacto que tomará décadas revertir, incluso si cesaran las actividades mineras hoy mismo.
La décima edición del Observatorio Socioambiental Sur de Venezuela (mayo-agosto 2026) basado principalmente en un análisis crítico de los derechos humanos, políticos y ambientales, visibiliza el impacto sobre comunidades indígenas y locales, los ecosistemas estratégicos, mostrando las discrepancias entre el discurso formal y la realidad en terreno.
El informe para esa fecha dice que en las exploraciones en el terreno, no se encontró ningún registro de la llegada de empresas privadas o trasnacionales, por lo cual el extractivismo en el sur del Orinoco sigue dominado por la minería ilegal, informal y mecanizada (balsas, dragas y molinos) operadas y administradas por estructuras irregulares.
NAM/Carmen Rosa Blanco/Docente
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