jueves 4 de junio de 2026

#OPINIÓN || «La Ceguera Política» || Dra. Carmen Rosa Blanco

«No hay peor ciego, que aquel que no quiere ver». Esto cuenta un dicho popular muy usado en Venezuela para referirse, a quienes no son ciegos de nacimiento, ni han sufrido una lesión ocular que afecta la visión física, sino a quienes teniendo los ojos bien sanos y con agudeza visual normal, se empeñan en desacatar lo que los órganos de los sentidos, especialmente la vista, nos muestran hasta la saciedad y de diversas maneras.

La ceguera política tiene relación con el absolutismo, con el desprecio a la Constitución y a las leyes, a los derechos humanos de millones de personas que gritan su dolor, su rabia, su hambre; pero que el Gobierno no les toma en cuenta, porque no lo quiere ver, es decir, porque prefieren estar ciegos…

La ceguera política a la que me refiero, es esa, que sobre lo que está aconteciendo en Venezuela en estos tiempos electorales, genera conductas  torpes, manera de actuar, de quienes están en el gobierno ante lo cual nos quedamos atónitos, solo porque se han dispuestos a continuar en ello «como sea», así no los quieran. Todo lo cual, lo único que logra es el desprecio de quien los ve y la desafección de aquellos a quienes hasta ahora manipulaban.

Todo esto me genera una pregunta (quizás el lector tenga otras): ¿Cómo es que se atreven a insultar al pueblo y a desconocer su inteligencia? Bueno, es posible que aún ciegos, sordos, inexpresivos, aburridos e incapaces, con desprecio, pero con poder, se sientan satisfechos, porque su ego, su resentimiento social y su toma de conciencia de que son ineficientes, (porque lo saben), allí lo único que les queda para justificar que en tanto tiempo, no pudieron doblegar al país, es hacerse cada vez más ciegos, porque no quieren ver.

No obstante, no creo en esa ceguera, creo que ven todo clarito, pero, los invadió el miedo. Saben, por ejemplo que los venezolanos se cansaron, que las encuestas no les favorecen, que ya no tienen «pueblo», porque éste despertó, saben que están derrotados, que ya saturaron con el mismo discurso, saben que los venezolanos van a votar porque están entusiasmados, saben todo eso. Sabiendo todo esto deciden perseguir, encarcelar, amenazar y ofrecer… como si estuvieran nuevos en el asunto…

José Saramago, premio Nobel de Literatura, escribió un ensayo titulado: » Ensayo Sobre la Ceguera» donde argumenta que, la pérdida generalizada de la visión y la expansión de la ceguera, en una ciudad sin nombre, donde se desató una ceguera muy contagiosa que atacó toda la población, desató también un profundo miedo en la población, sobre todo porque no se conocían las causas de la ceguera (del virus), pero sí se supo hasta donde podría llegar la degradación humana a consecuencia de la ceguera. Pero esta ceguera física, era superada por una más dramática: la incapacidad moral de ver.

También resultó cierto, según cuenta Saramago, es que la velocidad de contagio de la ceguera,  se aceleraba en aquellas personas sometidas a un elevado estrés: Estos eran (y son, según creo), los individuos frágiles, con espíritu débil, presa fácil del contagio de la ceguera y estos eran «los políticos». ¿Cómo es esto posible? Claro, hay otro mal, tan nefasto como la ceguera que los afecta y es que se el poder los hace soberbios e incompetentes, sobre todo cuando se convierten en candidatos. Así la ceguera llega a extremos inimaginables.

Ahora bien, en estos momentos, si observamos los candidatos a la presidencia de Venezuela, encontramos los ciegos por naturaleza, (los invidentes), que siempre tropiezan con la misma piedra, insisten hasta el cansancio y a los ciegos porque no quieren ver. Estos candidatos que no ven la realidad, que sabiendo sus debilidades, no quieren percatarse de que las tienen,  que no son capaces de reconocer las virtudes de sus oponentes, que hacen promesas, sin ver las posibles consecuencias. Estos políticos, aunque ven, están ciegos al pasado,  al futuro y el presente se les hace invisible.

Esto se trata de una ceguera ignorante, donde sus mensajes son oscuros y ambiguos, porque se sustenta en la mentira. Lo que persigue es satisfacer su deseo de poder y venganza. Sus acciones son algunas solapadas, otras abiertas y la mayoría de las veces intermediadas por los débiles de valores y ética que se prestan a complacer intereses personales. Claro que esto sugiere algún beneficio para el ejecutante.

NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora

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