• #OPINIÓN  Es preciso ser demócrata para creer en la política (Salvador González)

    Desde muy pequeño,  tuve  la inclinación de participar en eso que llaman la política. En mis primeros años,  milité en mi barrio en agrupaciones sociales y comunitarias y cuando ya rondaba los 12 años de edad, me hice militante de la juventud comunista de venezuela. Las precarias condiciones de vida que nos rodeaban en ese entonces, representaba la principal motivación  para detestar el sistema y militar en la izquierda venezolana. Como podrán entender a mis apenas 12 años, era muy poco por no decir nada, lo que sabía sobre el marxismo o sobre la política. Solo interpretábamos nuestra realidad y a partir de allí sentíamos un profundo rechazo por los que considerábamos responsables de nuestras desgracias, siempre por supuesto dejando por fuera del análisis de lo que vivíamos, nuestras propias culpas,  o la de nuestros padres.

    Asi me inicie en la política y llegué a tener responsabilidades estudiantiles en la presidencia del centro de estudiantes,  de la escuela técnica de Cumaná,  durante dos años y en la secretaría genreral del centro de estudiantes se la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad del zulia núcleo Cabimas.

    Estas actividades las acompañé siempre con mi responsabilidad y compromiso académico como estudiante, y ya en la universidad con mi trabajo, puesto que por ser estudiante residente y proveniente de una familia de escasos recursos, me tocó trabajar durante más de la mitad de mi carrera, para poder sufragar mi manutención y gastos. Así a los diecinueve años, empece a trabajar como pasante en las oficinas de control de estudios del núcleo. A pesar de ser pasante, debía trabajar como mínimo ocho horas diarias de lunes a viernes y bajo la supervisión, de la profesora Eva  Margarita Padrón, quien se desempeñaba como jefe de la oficina, una persona con los más altos niveles de exigencia y buscadora persistente e incansable  de la excelencia, valores que le agradeceré siempre me los haya inculcado.

    Después de terminar las jornadas diarias de trabajo, a las cinco  y treinta de la tarde, debía salir disparado, desde la facultad de estudios  generales, para la escuela de economía en el núcleo de humanidades, para recibir mis clases y atender mis responsabilidades de dirigente estudiantil.

    A pesar de todas esas actividades y compromisos, logré recibirme como economista con un promedio académico superior a los dieciséis  puntos,  y con más de 12 diplomas de honor por haber aprobado materias con promedios iguales o superiores a los dieciocho  puntos.

    En todo ese proceso  aprendí, que las cosas además de quererlas y desearlas, hay que trabajarlas  y exigen grandes esfuerzos para  lograrlas y que los éxitos y fracasos están más relacionados con  nosotros que con la culpa de un tercero.

    En esa etapa de mi vida, también se fueron formando mis primeros conceptos claros, sobre la política, sobre la filosofía, la economía y a pesar de que opte  al principio por el camino de trabajar en la industria petrolera y  no continuar en la política, siempre tuve esa inclinación y esa devoción por la misma.

    Creo que no se puede ejercer la política sino se es demócrata convicto y confeso. Quienes no creen en las libertades de prensa y de opinión, no pueden ser políticos, porque la política es casualmente para mi, bregar con esas libertades . Es no poder imponer ideas, conceptos e ideologías, sino por el contrario debatir ideas, confrontar conceptos, convencer al otro con la palabra y no con la fuerza,  ese otro que es, piensa e interpreta distinto una realidad. Por eso la política es el arte de lo imposible, porque no se trata de policías, armas y miedo, para imponer o convencer, sino de narrativas, discursos, ideas y lenguaje para avanzar y sumar. De allí que  la política solo sea,  para los homo sapiens y no para los otros seres vivos.

    Entender la libertad no es cosa facil, de hecho hay quienes dicen que es tan pesada la libertad, que la mayoría de los hombres renunciamos a ella para evitar cargarla .

    A veces pareciera preciso establecerle fronteras, por eso de que amparados en la libertad se puede cometer cualquier daño o fechoría. Pero ¿Quién establece esa frontera? ¿El que está en el poder o quien ejerce la libertad?

    Por ser un bien tan Preciado deberíamos todos cuidarla y protegerla, más aún los que se amparan siempre en ella y ejercen su profesión en y desde ella.

    No conozco gobierno alguno que en su manejo del poder transitorio, no haya cometido algún abuso contra la libertad, esos límites o fronteras sobre lo permitido o no, siempre se pueden correr un tanto para allá o para acá, según sea la conveniencia . Aquí sólo la convicción democrática es lo que rige y sostiene.

    Pero también los que ejercen la libertad como depositarios de ella, en muchos casos abusan de sus fronteras, dañando no solo a los otros, sino infringiéndole importantes heridas al concepto de libertad.

    Por una noticia que leí hoy martes en las redes,  sobre un procedimiento judicial que un político en el exterior iniciará contra lo que el considera una campaña de difamación en su contra, me atrevo por vez primera a escribir para las redes,  sobre este tema . Esto porque lo considero oportuno y necesario.

    Hace aproximadamente veintidós años ininterrumpidos, he sido objeto de la más feroz y encarnizada guerra de difamación, calumnias, falsedades, ataques y señalamientos por parte de ese periodista que hoy es señalado.

    Sin mostrar nunca, jamás, ni una sola prueba, ni un solo documento, ni una sola evidencia,  este señor,  reiteradamente emite señalamientos y juicios, no solo contra mi, también contra mi familia, exponiéndome al escarnio público y pretendiendo dañar mi imagen.

    No exagero cuando digo que más del ochenta por ciento de sus columnas, son dedicadas a mi persona, y durante ese tiempo (veintidós largos años), nunca ha podido presentar una sola prueba de sus acusaciones que sustenten y den alguna valídez  a lo que escribe.

    Tiempo le ha sobrado para presentar al menos una prueba en mi contra. Condiciones ha tenido para eso, ya que trabajo para el gobernador Manuel Rosales, cuando en el año 2000, salimos de la gobernación del Zulia y se mantuvo en la nómina de la Cámara Municipal con Ada Rafalli, es decir, condiciones y tiempo le han sobrado para al menos presentar aunque sea un papel forjado que me pueda incriminar, o que le diera una justificación o credibilidad a lo que escribía. Digo forjado porque ni el ni nadie, puede mostrar algún documento o prueba de algún mal manejo que haya hecho en mis responsabilidades como funcionario, con el tesoro público.

    El punto lo traigo a colación, porque a pesar de todo ese ataque y esa campaña mal intencionada, interesada, pretendida chantajista, extorsionadora  y seguramente pagada,  de la que he sido objeto por ese señor, jamás me plantee, hacer un señalamiento, pedir una prueba o iniciar un procediendo judicial. Eso porque pensábamos que al hacerlo podíamos estar pretendiendo establecerle fronteras a la libertad de expresión y eso iba contra nuestra convicción democrática.

    Pero ahora que el señor Lester Toledo,  lo hace, me pregunto y quiero escuchar sus voces y sus opiniones, ¿Cuál debe ser la forma de actuar en esos casos, que le aporten mayores beneficios  a la libertad? ¿Permitir que todo se haga en nombre de la libertad, o que se deban establecer fronteras?

    ¿Ser irresponsables con el uso de ese principio, o tener que asumir las responsabilidades de ser libre?

    ¿Dónde está la frontera? ¿Cuál acción fortalece o debilita la libertad? ¿Quiénes le proporcionan mayor daño a la libertad, los que se amparan en ella, para chantajear y difamar o los que exigimos la veracidad de lo  dicho o escrito?

    ¿Cuánto daño le hacemos a la libertad desde el poder del estado y cuánto daño se le hace desde el ejercicio de esa libertad al difamar y mentir?

    ¿Será que  la libertad un bien  público sagrado y como tal debe ser cuidado y protegidos por todos?

    No es fácil saberlo seguramente, pero en mi caso preferí soportar la infamia, que comprometer la libertad.

    Lester Toledo,  esta ejerciendo un derecho e interpreta, que se daña la libertad si se permiten estos abusos.

    De eso se trata la libertad, no solo de poder pensar libremente, sino actuar en función de ese pensamiento libre y responsable.  La libertad de ser, para poder ser, lo que pretendemos ser.

    No es sencillo saber cuál es la ruta, cuál es el camino, pero por encima de los egos, rabias, intereses particulares, siempre que aparezca la duda, que prive siempre la defensa de la libertad, así  salgan favorecidos los sapos y camaleones.

    @soysalvadorgonzalezcoach

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