• #OPINIÓN || «El Baralt, alma zuliana» || Francisco Arias Cárdenas

    Desde hace unos cuantos años que llegamos al Zulia, el nombre del Teatro Baralt lo oímos, lo entendimos amarrado con el arte, la poesía, la música, la cultura en general. Siempre nos sorprendió aquella historia de que el número de butacas estaba sujeto a una norma que no permitía fuese mayor que el número de asientos del Teatro Nacional de Caracas.

    El Baralt es un espacio para el espíritu, inquieto, sensible, prodigioso del Zulia,  de luz de este centro Bolivariano de Colombia La Grande, que es Maracaibo. Eso explica porque desde la primera vez que me sometí al voto popular del  Zulia. Cuando los cajeros del viejo bipartidismo hacían esfuerzos y trampas para cambiar en el CNE de entonces, con el recordado “ Cocodrilo” la voluntad popular,  al pasar en marchas fatigadas desde Granja Alegría hasta la plaza Bolívar, vimos en detalle, de cerca, el monumento arquitectónico que es el teatro.

    Entonces en una reconstrucción que llevaba años. Conducida desde el gobierno nacional. Largos  periodos en una restauración interminable, desde 1986, dirigida la obra desde Caracas. Visitamos al arquitecto Paolo D’Ongia, y a su equipo y compartimos la necesidad de la pronta reapertura.

    Practicantes del federalismo, consagrado en el escudo nacional, propulsado por Zamora, siempre demorado por el centralismo caraqueño y avalado por quienes desde la provincia hacen los «contactos» y viven cómodos con esa práctica de que no tengan las provincias pantalones largos.

    Consultamos con la Universidad del Zulia y en conjunto pedimos al entonces Presidente Caldera, al tiempo que impulsábamos la Ley de Asignaciones Económicas Especiales, LAEE, que nos dejara conducir y entregar recuperado el edificio. En ese momento entra con toda la fuerza el equipo de técnicos del Centro Rafael Urdaneta, con dedicación, con entrega y profesionalismo.

    Fuimos testigos de ese trabajo que tiene muchos nombres. Muralistas, pintores, albañiles, artesanos. La capacidad de hacer, de construir. Los detalles: las butacas, la arena bajo la alfombra para apagar  ruido de pisadas, la conclusión y colocación del plafón. Todo lo vivimos y disfrutamos en una jornada llena de amor por el alma del Zulia.

    El 18 de julio de 1998 lo devolvimos restaurado, en el marco de la celebración del 24 de Julio, fecha de fiesta propicia para recordar la Batalla Naval donde la escuadra colombiana derrotó definitivamente la flota española en aguas del Coquivacoa. Día del natalicio del Libertador que tanto quiso a Maracaibo.

    Fecha ideal para entregar al pueblo zuliano una muestra de amor con trabajo concreto: El BARALT. Corazón cultural  de la región. En esta fiesta saludamos a quienes han mantenido esta infraestructura denominada “La Joya cultural del Zulia” contra todas las adversidades. LUZ, sus rectores y autoridades, sus juntas directivas, como la de los Lombardi, siguiendo la huella de su madre Lilia Boscán de Lombardi, quienes mantienen compromiso con el alma del Zulia: su cultura.

    NAM/Opinión/Francisco Arias Cárdenas

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