viernes 24 de mayo de 2024

#OPINIÓN || Educación a distancia versus clases por WhatsApp || Primera Parte || Dra. Carmen Rosa Blanco

La Educación a Distancia, también conocida como educación online, en línea o remota, se trata de una innovadora forma de aprender y enseñar que lleva la dinámica de una clase tradicional y presencial, al mundo digital. De esta manera, desde cualquier lugar del mundo, los alumnos y docentes podrán conectarse en un entorno virtual en sus computadoras a través de Internet, haciendo uso intensivo de las facilidades que proporcionan las nuevas tecnologías digitales.

Estudiar a distancia trae beneficios, pero su uso inadecuado puede perjudicar el proceso de aprender. Hay que precisar que es una enseñanza centrada en el alumno y ellos son los protagonistas de su educación, en el marco de un aprendizaje activo y participativo. Las primeras formas de acceso a la educación a distancia fueron a través de la correspondencia, la radio y la televisión, pero a finales del siglo XX se dio paso casi de forma exclusiva a la educación a través de internet.

Este tipo de educación surgió como una alternativa para los alumnos, que no podían cursar de forma presencial una carrera, por razones de tiempo o de distancia geográfica, haciendo que la distancia no fuese una limitación.

A diferencia de la educación  virtual, en algunos casos, cuenta con un porcentaje de presencialidad, (semi-presencial) los estudiantes controlan su tiempo, espacio y ritmo de su aprendizaje.

No se requiere (necesariamente) conexión a Internet, recursos computacionales, u otros dispositivos tecnológicos, porque se cuenta con material instruccional diseñado para ello por expertos en diseño instruccional. El alumno que estudia a distancia desarrolla la autonomía y responsabilidad ya que elige cómo estudiar, adaptando sus tiempos según sus responsabilidades profesionales y requerimientos familiares.

La Educación Virtual, por su parte,  se apoya en las herramientas educativas de las plataformas virtuales que fortalecen el proceso de aprendizaje colaborativo, permitiendo que, tanto docentes como estudiantes puedan compartir de forma digital toda la información necesaria, sin tener contactos cara a cara. Su flexibilidad permite que los estudiantes accedan a los contenidos y las clases desde cualquier dispositivo, en cualquier lugar.

Los profesores están capacitados para utilizar las herramientas pedagógicas que brinda la tecnología y las nuevas formas de comunicarse. Esto implica que actualmente una de las condiciones necesarias para acceder a la educación virtual sea disponer de computadora o dispositivo electrónico con conexión a Internet. Se desarrolla mediante la utilización de plataformas, sitios webs y aplicaciones de videollamadas y mensajería para establecer un canal de comunicación.

Se utiliza el correo electrónico, las videoconferencias y las plataformas virtuales para hacer llegar los contenidos educativos. Se emplean plataformas virtuales, libros digitales, apuntes online, acceso a tutores, videos y material audiovisual para trasmitir conocimientos. Para ello resulta imprescindible una conexión a Internet, que permita acceder a los soportes o plataformas en las que se encuentran los contenidos.

En ciertas ocasiones, los estudiantes cuentan con un tutor online, que los ayuda a despejar dudas durante el proceso de aprendizaje. Los alumnos establecen contacto con sus tutores a través del correo electrónico o de plataformas virtuales. Estas pueden ser creadas exclusivamente por la institución educativa o se pueden utilizar plataformas online como Moodle, Swad o Google Classroom.

Se hacen Videoclases mediante aplicaciones de videollamada en las que se realizan reuniones virtuales a las que asisten alumnos y profesores. Estas clases pueden darse de manera sincrónica o pueden quedar grabadas para que los alumnos puedan verlas en cualquier momento. Se utilizan archivos de audio para enviar un determinado contenido y que los alumnos puedan escucharlo y a partir de allí realizar, con esa información, lo que el profesor solicite.

Por otro lado, la Educación Remota o de emergencia, es una modalidad producto de las consecuencias que ha dejado la pandemia, COVID-19. Fue una necesidad asumida por instituciones académicas para evitar el colapso educativo por el confinamiento, se vieron en la necesidad de asumir los retos de la virtualidad y dejar de lado las clases presenciales.

Este tipo de educación posee valores de aprendizaje tradicional basados en productividad, sin embargo, puede verse perjudicada por fallas del internet, problemas de los aparatos electrónicos, fluido eléctrico o el inadecuado uso de las aplicaciones.

La educación remota es una modalidad de educación de emergencia. Pero, cuando ya no estamos en presencia de la emergencia sanitaria, todavía persiste en su aplicación, con el agravante, en el caso de Venezuela, que para acceder a ella se requieren ciertas condiciones que ni los estudiantes, ni los profesores, ni las instituciones educativas poseen: equipos electrónicos, conexión de calidad a Internet, dispositivos inteligentes y capacitación adecuada.

Esto constituye un obstáculo de difícil solución para los estudiantes venezolanos en todos los niveles educativos, lo cual genera frustración, desmotivación y deserción escolar. Los estudiantes opinan, que estar en el hogar es una fuente de distracción para sus estudios, porque deben atender otras actividades que los desvinculan y disminuye la calidad educativa. Ya la encuesta ENCOVI aportó datos al respecto. Los estudiante no quieren esta modalidad educativa, no les parece atractiva, no aprenden nada.

¿Será que en Venezuela la pandemia llegó para quedarse? Lo que en todos los niveles educativos significó el cierre o fin de la educación presencial por el confinamiento, en nuestro país se ha institucionalizado, e impropiamente se empezó a denominar educación virtual. Nuestras instituciones educativas no están preparadas, ni cuentan con la tecnología y los recursos, como para que la llamada educación «virtual» pase a sustituir la presencial.

Espacios educativos llenos de monte, telaraña y excremento de palomas, salones de clases y oficinas cerradas, es decir muertas… ¿A quién beneficia esta situación? ¿Quién puede sacar provecho de la muerte de la educación? ¿Quién está complacido de que así sea? Buscaremos las respuestas a estas interrogantes consultando la voz de los más importantes protagonistas y las socializaremos por este medio en nuestra próxima entrega…

Continúa y finaliza mañana

NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora

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