• #OPINIÓN || De nuevo 4F (Francisco Arias Cárdenas)

    Siguiendo la reflexión de hace siete días en este mismo espacio, veamos a nuestro entender, las consecuencias del hecho que quisimos cívico militar y se nos dio exclusivamente militar hace 30 años, consecuencias estas que todavía se desarrollan después de 29 años.

    Dijimos aquel 4F del 92 que la fractura de la Fuerza Armada, en su accionar, en su control y en su jefatura, abría de por sí, con el mero hecho de la rebelión ocurrida desde dentro de ella, nuevos cauces a la democracia, que destruía el pacto social de élites que se daba en Venezuela entonces.

    La Fuerza Armada moderna, construida al modo del gobernante de la época, Juan Vicente Gómez, contenía en sus principios, fortalezas de vieja data que establecimos como «Bolivarianos«, pero que además de serlo, tienen que ver mucho también con nuestra propia esencia histórica: soberanía, independencia, autodeterminación y solidaridad con nuestros pueblos hermanos, especialmente con los que nacimos como patria independiente de la mano del Libertador Simón Bolívar.

    A la expresión externa de aquella organización militar: las formaciones, el orden cerrado, las leyes y reglamentos militares. Todas ellas, aporte de los fundadores del ejército nacional, traídos por Gómez, de ascendencia prusiana, se sumaban aquellos valores heredados que señalamos con anterioridad, principios que se repetían entre los jefes y soldados en las montoneras y en el ejército regular durante los combates internos, por principios y por poder.

    Pensamos que aún en las dichas «montoneras«, derrotadas por el «Bagre Grande» como algunos llamaron a Gómez; las de Peñaloza, las de Maisanta, las del Mocho Hernández, venían aquellos principios que sentíamos en nuestro ejército antes y durante los sucesos del 4F.

    Recuerdo claramente haber mencionado en una reunión clandestina, analizando el momento, la expresión de un periodista que constantemente criticaba por los medios al gobierno y azuzaba la rebelión militar. Se hablaba de los COMACATES, ante el desconocimiento del nombre y sentido del clandestino MBR200. Decía este periodista, después ministro y alcalde de Libertador, que los COMACATES no existían, porque en el ejército no había gente que portara una palabra que rimara con OLAS.

    En aquella ocasión, hace 30 años, se rompió la cadena al perro de presa, custodio de privilegios de élites, que éramos los militares de entonces. El 27 de febrero del 89, sentimos y nos impulsamos para corregir ese divorcio entre pueblo y ejército. Se afianzó la necesidad de actuar del lado que debíamos estar, por historia y por tradiciones los soldados de Venezuela.

    Uno de los temas que nos corresponde revisar de aquellos hechos de rebeldía, con la responsabilidad del gobierno, con las ejecutorias y circunstancias vividas, es la relación cívico militar del presente. ¿Cómo se está dando?, ¿cómo la percibe nuestro pueblo?, ¿qué ventajas de vida digna le está generando al común de la gente?, ¿qué efectos tiene dentro de la propia organización militar?, ¿Cómo está la formación de oficiales de nuestros diversos componentes en las academias técnicas y de mando?

    Preguntarnos si el código de honor del cadete militar venezolano tiene vigencia o es sólo letra muerta, qué se aprende para el discurso vacío que permite ascender para amarrarse en cargos públicos en nombre de unos principios diariamente pisoteados frente a nuestro pueblo en complicidad con pseudo revolucionarios.

    Oíamos y acompañamos la desesperación del presidente en el discurso anual al país. Las mafias de la reventa de gasolina que en el país han medrado y aún lo hacen en este momento. De pronto se dirá alguien que esta corrupción tiene que ver con bajos salarios. Asunto que se debe resolver de urgencia para la fuerza armada y todos los trabajadores.

    Pero no es bajo el salario de un funcionario para quien tiene negocios diversos. Debería conformarse con esos ingresos y no acentuar más el dolor de la gente con la reventa del combustible.

    Corresponde preguntarnos: ¿Cómo está entre nuestros militares la comprensión y el acompañamiento verdadero? No de formas ni de slogans, a las tareas en la paz que está construyendo con esfuerzo nuestro pueblo y el propio Nicolás Maduro.

    ¿El manejo de esta alianza cívico militar debe seguir como se ha dado? Debemos ser profundamente realistas para este análisis necesario. En este momento es preciso ser muy sinceros y revisarnos con detalle, sin poses rimbombantes. Contrastar lo que soñamos, lo que hemos podido hacer y lo que haremos de cara al porvenir de nuestra patria.

    Dentro de la realidad nueva, donde la hegemonía la hace el amor y la comprensión de nuestro pueblo, donde se puede y de manera inexorable va a existir en el futuro, por mandato de ley la posibilidad de alternancia en el poder.

    Derrotada la torpeza tan dañina del intervencionismo extranjero detestable e inservible para tomar y mantener el gobierno, nos corresponde pensar en esta organización esencial para nuestra patria en el futuro de paz. Es preciso revisarnos en profundidad sobre este tema esencial del mundo militar en relación constructiva con lo civil. «Empuñando su espada en respeto a las garantías ciudadanas«. Dijo Simón Bolívar.

    Es una gran responsabilidad la de construir relaciones para la paz desde el mismo gobierno. Eso le ha correspondido al Presidente Maduro acometer y reordenar todas las fuerzas para vivir en paz.

    La gran unión cívico militar, su conceptualización, su concreción y proyección para los años y las circunstancias que vienen. bEs una tarea compleja, pero necesaria, urgente a 30 años del 4F.

    [email protected]

    NAM 


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