• #OPINIÓN | «Competir para servir y ganar» | Salvador González

    La espiral de la historia nos lleva a evolucionar en todos los aspectos, desde lo individual a lo colectivo, y por lo tanto, debe también conducir a cambiar la forma de competir por el poder político, así como la manera de ejercerlo.

    El escenario que hoy se  plantea en el estado Zulia obliga a ponderar las estrategias de posicionamiento y de gestión. El partido de Gobierno Nacional es hoy la oposición en el estado, incluyendo la mayoría de los municipios. El viejo modelo de rivalizar, que algunos grupos pretenden continuar –la diatriba inútil, el sabotaje, la descalificación, las campañas mediáticas destructivas- tienen que ser superadas por todos los sectores, y sustituidas por estrategias responsables, humanas, cuyo norte sea obtener los mejores resultados al servicio de los intereses del país y del bienestar de los ciudadanos.

    El Gobierno Nacional Bolivariano tiene que interactuar, coordinar y viabilizar acciones con las diferentes instancias de poder regional y municipal, sin que por ello deba renunciar a hacer oposición; pero ésta debe ser constructiva, positiva, con la legitimidad de exigir eficacia, eficiencia y transparencia en los recursos asignados al ejecutivo regional y a los ayuntamientos. Debe ser una oposición de hacer más y mejor al servicio de la gente, promoviendo la productividad y el crecimiento económico. Esa estrategia lleva a una competencia basada en el trabajo, en la concreción de obras y programas, que redundará en beneficio del estado, de sus habitantes, de su ambiente y de su futuro. Es una opción diferente, que tiene como recompensa el reconocimiento y apoyo de los ciudadanos.

    Ya hemos visto en el Zulia, en períodos de gobierno anteriores, ejemplos de lo positiva que puede ser una rivalidad política dirimida a base de trabajo; fue cuando el mandatario regional era un líder del 4F y el burgomaestre en la mayoría de los municipios pertenecía a un partido opositor. Había un esfuerzo extra de gestión, de urgencia por el hacer, que se concretó en obras de vialidad, de infraestructura educativa y de salud, de programas sociales y culturales, de iniciativas productivas.

    Prevaleció en esos años la competencia edificante, la urgencia por administrar mejor el recurso más escaso en gobierno –el tiempo- y la búsqueda de nuevos modelos de gestión que democratizaran realmente el ejercicio del poder. El premio no sería otro que ganar el favor del pueblo el día de las elecciones, y así pudo constatarse.

    Los partidos políticos que hoy ocupan espacios de poder en el país deberían revisar estas lecciones de la historia. Evaluar los mecanismos de contienda en la política. Particularmente en el Zulia, tan golpeado por la crisis económica, de salud, por la escasez de combustible, por la delincuencia organizada, el Gobierno Nacional está llamado a desarrollar una política articuladora, de alta gerencia, coherente, y a la vez, más eficaz y contundente, que le permita mostrarle en contraste a los ciudadanos su capacidad y eficiencia por encima de la oposición política regional.

    Cada quien en su nivel de competencias debe demostrar quién realmente trabaja más por el Zulia. Los beneficiados serán, en primera instancia, los ciudadanos. Y en segundo lugar, el partido del gobierno que mejor trabaje.

     

    NAM/Salvador González


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