sábado 20 de abril de 2024

#OPINIÓN || Casas Muertas || Dra. Carmen Rosa Blanco

En esta oportunidad tomo prestado este título de la novela del escritor venezolano Miguel Otero Silva (QEPD), Conocida como la novela del petróleo, escrita en 1955. Hoy Casas Muertas la estoy relacionando para exponer una situación verdaderamente dolorosa que he presenciado en mi recorrido documental por Venezuela. Un recorrido sensorial, con todos los órganos de los sentidos en actitud de alerta, tratando de capturar la realidad en forma integral y poderla presentar en una aproximación interpretativa. (Esta que ahora les presento).
Como todos sabemos (O al menos unos cuantos), en el estado Anzoátegui, concretamente, en la Mesa de Guanipa, explotó el negro chorro bituminoso en lo que se conoce como Oficina Nº 1. (De lo cual también escribió Miguel Otero Silva otra novela). Allí, en esos chaparrales, donde a fuerza de taladrar, un día, el suelo se tiñó de negro. Este campo petrolero abrió en la zona, la extracción, la explotación y comercialización del petróleo, un hecho que le cambió la vida a los lugareños.
Con el tiempo la zona cambió para bien, producto de los ingresos del petróleo. Uno de esos lugares hermoso era la población de Santomé, un campo que servía de asiento a la compañía Mene Grande Oil Company. Santomé estaba dividida en dos sectores, campo norte y campo sur.
En el primero vivían los jefes y trabajadores profesionales de nómina mayor, donde sólo ellos y sus familiares tenían acceso, tenía canchas de Golf, de Beisbol, de Básquet-bol, jardines hermosos, árboles y pinos gigantes, que con la bien cuidada grama ofrecían un paisaje digno de admiración.
Poseía escuelas, jardines de infancia, parques, templo religioso, las oficinas de la petrolera,  expendio de alimentos y un enorme y bellísimo club (Club Campo Norte) que ahora es monte y serpientes. En campo Sur vivían los obreros. Si bien es cierto que en condiciones diferentes, nunca en miseria, ni en pobreza.
Poseían sus comodidades y vivían en la tranquilidad de su familia y de su trabajo. Era un pedazo de tierra para vivir y admirar. Cualquier lector puede diferir de lo que aquí expreso, está en su derecho, pues creo y respeto la libertad de expresión que todos debemos cuidar…
Hoy, realicé un recorrido por ambos campos. Lo que vi fue tristeza y desolación, casas enmontadas por dentro y por fuera, descoloridas, roídas, techos cayéndose o inexistentes, donde los nuevos habitantes son las ratas y las serpientes.
Lo que queda de Santomé es el nombre (No se percataron de ello para cambiárselo también). Las personas que allí habitan ahora, lucen empobrecidas, tristes, sin expectativas y seguramente desconociendo dónde se encuentran y porqué, no son aquellos primeros habitantes. Las calles son tierra agreste, hasta lo pinos fueron talados, no se sabe en nombre de quién, ni quién dio la orden. 
Los estacionamientos muestran el triste espectáculo de un S.XXI lleno de ignorancia, camionetas convertidas en chatarra y el cascarón de unos buses chinos llamados Youtong, de aquellos rojitos que nos metieron hasta por los ojos en derroche de aspaviento.
Cabría preguntarse: ¿Bajo cuál concepto, unos zamuros se apropiaron de las riquezas? Estos zamuros todavía revolotean sobre lo que queda, es decir, nada, tristeza y desolación. Creo que estos zamuros en su raudo vuelo, sólo buscan romper el cascarón…
¿Cuál mente fue capaz de ejecutar tal desafuero? ¿Cómo es que Santomé y el resto del país cayeron en el lodazal?. Sólo la oscuridad de la noche y el día, tendrán las respuestas,  pero a Venezuela no se le ha olvidado, (A mí tampoco), un pueblo noble ha sido vulnerado en mente cuerpo y espíritu…. porque nadie, en su sano juicio, puede valorar esto como progreso, adelanto o re-volución…
No obstante, creo que todavía hay vestigios de dignidad. Es tiempo de gritar a voces el cambio, ahora o nunca!. He estado en contacto con muchas teorías de progreso y desarrollo. Teóricos de diversas tendencias y nacionalidades.
Ninguno esboza algo que exprese la necesidad de acabar con lo existente para progresar. Siempre hemos sabido que se contruye sobre lo que existe, corrigiendo y mejorando lo que haya lugar, paso a paso, consultando, explicando, reconstruyendo, participando para aportar, no para chupar y desgarrar… al contrario, con espíritu de progreso…
He recorrido 914 Km. aproximadamente, desde Maracaibo, hasta la zona sur del estado Anzoátegui y la cercanía de la «zona del hierro», llamada así porque este mineral, y muchos otros, rebasan el suelo y el subsuelo.
Nada es distinto hoy en Venezuela. solo que en Casas Muertas de Miguel Otero Silva los personajes eran otros. En estas del S. XXI, todo ha sido impactado por la misma ideología, el nuevo proyecto que ahora veo retratado en Santomé, pero que es igual en Cabimas, Lagunilla, llanos, centro, oriente y sur del país. Sólo un gran Zamuro planea en Santomé, hasta el aeropuerto está cerrado, ese zamuro negro, que, abiertas las alas, busca, de un gran picotazo que romper el cascarón…
NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora

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