Un pronóstico inédito y una dimensión muy grande ha tomado el proceso de Diálogo y Negociación llevado a cabo en México entre Gobierno y oposición, que se encuentra en una etapa de pausa y de receso mientras se realizan en Venezuela las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre, luego que el candidato (MUD) a la Gobernación del estado Zulia, Manuel Rosales, en un encuentro con profesionales y técnicos de la región, lanzara una estimación de que los resultados de esas negociaciones serán para largo plazo, asomando unos 20 o 30 años.
Ningún actor político, ni siquiera los analistas habían asomado esa expectativa que pudiera representar una real esperanza para el país, si es que los dos actores dialogantes se han fijado como meta, al término del diálogo, un gran pacto social de convivencia política enmarcado en el respeto y el reconocimiento de un factor y del otro.
“Venezuela está en una encrucijada, y la oposición, los que somos opositores al Gobierno estamos transitando dos caminos; primero, el de la negociación grande que se inició en México, una negociación a 20 o 30 años, un reencuentro sin obviar las decisiones y los procesos que allí se tienen que cumplir, una negociación que se reiniciará después de estas elecciones regionales y donde está cifrada la esperanza de todos los venezolanos y está el ojo y la presión permanente de más de 60 países del mundo, Estados Unidos y la Unión Europea y con la participación de aliados al Gobierno como lo son Rusia y China, que también están interesados en salir de este proceso, de esta tragedia que vive Venezuela”.
Tales expectativas hablan de que el diálogo en México se está manejando dentro del concepto de un gran pacto social de gobernabilidad, de reinstitucionalización del país, del reconocimiento de un sector y del otro y del cogobierno, del respeto a las leyes y a la Constitución. Se trataría de una negociación para el futuro del país. Los resultados que deriven del diálogo serán a largo plazo.
De esta expresión se infiere que este gran pacto social que derivaría del diálogo en México, significaría una nueva etapa de estabilidad política, de reconciliación sana y verdadera, de un pacto con reglas claras que deben ser respetadas por ambas partes, pero que principalmente, las asimetrías no sean las que se impongan en un careo pulsístico, sino que se imponga siempre la negociación como elemento intrínseco en la política.
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Rosales añadió que el segundo camino en la encrucijada es el de las elecciones regionales: “A lo mejor no sabemos cuál va ser el resultado, porque esto no es un plebiscito, aquí concurre una serie de factores que van desde lo pequeño que es la división, varios candidatos, muchos de los cuales, no miden lo trascendente, sino lo que les interesa en lo personal, no miden la alta política, sino lucirse en espacios de sus propias apetencias personales y todo eso va incidir en el resultado en muchos estados del país, pero yo si quiero decir con mucha credibilidad y respeto hacia ustedes que eso no va ocurrir en el Zulia, el Zulia va por un solo tubo”.
Habrá que hacer seguimiento a esta frase expresada por el candidato de la Unidad en el Zulia y visualizar los puntos de vista de los otros actores en cuanto al tema del diálogo y la dimensión que ahora este ha tomado.
NAM/Equipo de Política
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