Las vícitmas mortales por ébola, declarado el 1 de agosto de 2018 en las provincias de Kivu del Norte e Ituri, pasaron de 630 a 970 fallecidos en poco menos de un mes, lo que representa un aumento de cerca del 50 por ciento de decesos debidos a esa enfermedad.
Los casos de contagio ascendieron a 1.480, según las últimas cifras facilitadas por el Ministerio de Sanidad en Kinshasha, la capital de la República Democrática del Congo (RDC).
Los casos de ébola y los fallecimientos comunitarios, es decir, acaecidos fuera de un centro de ébola, se han disparado, registrándose, solo la semana pasada, 126 nuevos casos. Este mal llegó a su punto álgido el domingo, cuando se declararon 27 nuevos casos solo en ese día.
El control de este brote, el más letal de la historia de RDC, se ha visto obstaculizado por el rechazo de algunas comunidades a recibir tratamiento y a la inseguridad en la zona, donde operan numerosos grupos armados.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organismos como Médicos Sin Fronteras se vieron forzados a paralizar algunas actividades en zonas como Butembo (uno de los principales focos activos actuales), debido a los ataques contra sus centros.
En el más grave de esos ataques murió un epidemiólogo que había sido enviado por la OMS a esa localidad para apoyar los esfuerzos de control de la actual epidemia de ébola.
El presidente de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo estar «profundamente preocupado» después de una visita a la ciudad afectada de Butembo y se mostró muy afectado por la muerte del médico congoleño, de acuerdo a su mensaje en Twitter.
Agencias
