La sala de emergencia de pediatría del hospital Ibn al Azir, en Mosul oriental, parece más bien un zoco, abarrotado de niños y decenas de familiares, muchos sentados por el suelo entre el trajín de los médicos que van y vienen, y se quejan de que apenas cuentan con medios o medicamentos.
«La situación es terrible, todo está mal en urgencias. Tenemos 17 camas y ahora mismo tenemos 40 enfermos», dice a Efe el director de Urgencias, Mohamed Mahmud Yasin, en un ambiente sofocante, con temperaturas que se acercan a los cincuenta grados en la calle.
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