sábado 6 de junio de 2026

¡MIGRACIÓN INVERTIDA! Venezolanos regresan por el Darién entre deudas, frustración y un nuevo ciclo de riesgos

El municipio colombiano de Necoclí, ubicado en el golfo de Urabá, enfrenta una nueva emergencia social marcada no por la salida de migrantes rumbo al norte, sino por su retorno. Las restricciones impuestas recientemente por el Gobierno de Estados Unidos han cambiado por completo la dinámica migratoria en la región, donde ahora miles de personas llegan emocionalmente destruidas, sin recursos y con la incertidumbre de cómo regresar a sus países de origen.

Durante los últimos años, Necoclí fue reconocido como una de las principales puertas de acceso hacia el Tapón del Darién, ruta obligada para quienes aspiraban a llegar a territorio estadounidense. Las calles y playas se llenaban de carpas, comercio improvisado y familias enteras que veían el “sueño americano” como única salida a la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades.

Sin embargo, el panorama dio un giro en 2025. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia, Washington endureció nuevamente sus políticas de control migratorio: mayor seguridad en la frontera, eliminación de programas de protección y cierre de vías humanitarias. Estas acciones provocaron una caída drástica en el flujo hacia el norte y, al mismo tiempo, un fenómeno inesperado: miles de migrantes comenzaron a devolverse desde Estados Unidos.

Ahora, Necoclí recibe a hombres y mujeres que no logran cruzar la frontera y vuelven con la carga psicológica de haber perdido los ahorros de toda una vida. Algunos regresan con pequeños ingresos obtenidos tras meses en tránsito; otros llegan arruinados, sin documentos y endeudados con prestamistas o traficantes. Para muchos, la ruta de retorno es tan peligrosa como la de ida, pues implica nuevamente enfrentarse a redes criminales, extorsión y territorios dominados por grupos armados.

Entre quienes conocen de cerca esta realidad está la venezolana Dally Hernández, residente de Necoclí desde hace siete años. Ella acompaña a los recién regresados en la búsqueda de alojamiento y alimentos. Asegura que cada día ve historias de desesperación y familias que, tras atravesar selvas y países enteros, se ven obligadas a volver al punto de partida. “Muchos llegan quebrados por dentro. Regresar por esas rutas es un golpe que no se puede medir”, afirma.

El cambio migratorio ha golpeado también la economía local. Negocios que antes vivían del flujo constante de viajeros, transportistas, comercios y posadas, ahora operan con menos ingresos, mientras aumenta la presencia de personas sin medios para costear comida o estadía. Según registros oficiales, más de 12.000 migrantes han sido identificados en este flujo de “migración de retorno”, tendencia que no deja de crecer.

Organizaciones sociales y autoridades colombianas advierten que el fenómeno abre una nueva fase humanitaria: ya no se trata únicamente de quienes buscan llegar a Estados Unidos, sino de quienes regresan atrapados entre la decepción y la falta de opciones.

Necoclí, antes símbolo de partida, se ha transformado en un testimonio vivo de las consecuencias de las medidas migratorias estadounidenses. Una ciudad que ahora refleja el costo emocional, social y económico de miles de familias cuya travesía terminó sin destino y con un largo camino de vuelta por recorrer.

NAM/Con información de VF

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