Ayer martes 01 de Mayo, celebramos el Día Mundial del Asma y en honor a esto te daremos a conocer las opciones naturales para tratar una de las enfermedades más comunes.
El asma es una enfermedad a veces leve, otras crónica y severa. A pesar de que se trata de una dolencia frecuente y conocida desde la antigüedad, no ha sido hasta el siglo pasado cuando hemos comenzado a conocer los mecanismos y las causas que la producen. Afecta a las vías respiratorias, que las inflama y estrecha, y causa periodos de sibilancias (un sonido silbante durante la respiración), dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos.
El asma generalmente se trata con inhaladores de rescate para atacar los síntomas y con inhaladores de control (esteroides) que previenen los síntomas. Los casos más graves pueden requerir inhaladores de acción prolongada que mantengan las vías respiratorias abiertas, además de esteroides orales. Sin embargo algunas personas prefieren optar por alternativas naturales.
Jengibre:
El jengibre es uno de los mejores productos naturales para tratar problemas respiratorios como la bronquitis o la tos, y es que entre sus beneficios destacan sus propiedades antiinflamatorias. Por eso el té de jengibre es una gran alternativa para curar el asma de manera natural.
De preferencia compra un pedazo de jengibre, trocéalo y añádelo en agua hirviendo. Déjalo en el agua hirviendo al menos 5 minutos para que suelte su sabor, y un poco más reposando para que se concentre. Bebe una taza de este té diariamente para ayudarte a tratar los síntomas del asma y mejorar el cuadro.
Jarabe expectorante para asmáticos:
Siguiendo con el jengibre, otra buena solución para curar el asma de forma natural, es realizar un jugo concentrado con este tubérculo y mezclarlo con una cucharada de jugo de limón y una de miel. Todos son ingredientes expectorantes que actúan de forma efectiva favoreciendo la salud respiratoria, tal como puedes ver en nuestro artículo sobre cuáles son los beneficios del limón con miel. Una taza diaria de esta mezcla te ayudará a sentirte mejor y calmará los síntomas respiratorios causados por el asma.
Cebolla:
la cebolla es uno de esos productos casi milagrosos que nos aportan beneficios en numerosas dolencias. Entre las propiedades de este bulbo encontramos beneficios diuréticos, antiinflamatorios, expectorantes, antireumáticos y analgésicos. Además, tampoco hay que olvidar el hecho de que la cebolla, junto con el ajo, es un gran antibiótico natural.
Teniendo en cuenta todas estas propiedades, no es de extrañar que la cebolla haya sido utilizado desde hace muchas generaciones como un método para sanar los problemas relacionados con la salud respiratoria y de los pulmones; tos, bronquitis, pulmonía y, como no el asma, encuentran en esta hortaliza un perfecto método natural para tratar sus síntomas.
Cómo hacer jarabe de cebolla para el asma
- Pica cebolla morada en rodajas y viértela en una sartén grande a fuego medio.
- Deja que se vaya cociendo durante 3 minutos y cúbrela con agua.
- Mantén el fuego hasta que el agua se vaya evaporando y queden solo 2 tercios de lo que había.
- Exprime dos limones y añade su jugo a la sartén junto con dos cucharadas de miel.
- Remueve los ingredientes para que se mezclen bien.
- Apaga el fuego y deja que repose durante 12 horas, pasado ese tiempo cuélalo y guárdalo para cuando quieras.
Tómate una cucharada de este jarabe antes de cada comida durante el tiempo que quieras, cuando se te acabe puedes volver a prepararlo y disfrutar de sus fantásticas propiedades. Si no te gusta su sabor puedes optar por diluir una cucharada en un vaso de agua caliente y tomarlo como si fuera una infusión.
Cosas a evitar si tienes asma
Ahora que te hemos explicado cómo curar el asma con remedios caseros debes saber que hay ciertos factores que pueden desencadenarte una crisis y empeorar tu situación, por lo que tan importante son los remedios como mantenerte alejado de estas situaciones:
- Fumar.
- Espacios cerrados con contaminación, como respirar el humo del tabaco de forma pasiva.
- La contaminación ambiental al aire libre, el humo de las grandes ciudades.
- Estar expuesto a alérgenos.
- Respirar polvo, micropartículas y ciertos productos químicos.
NAM/Agencias/Carol Morán
