Fútbol en estado puro en la capital española. Inesperado y cambiante. El segundo tiempo en el Santiago Bernabéu fue totalmente diferente al primero, donde el conjunto local mostró una superioridad abrumadora. Apegándose a una forma de jugar que tanto sufrió en temporadas anteriores.
Zidane entendió y planteó el juego a la perfección. Presión alta para neutralizar la salida de la pelota. Marca al hombre en zonas altas. Casemiro con Messi, Kovacic con Rakitic, Kroos con Iniesta, Modric con Busquets. Cristiano y Benzema vigilaban a los centrales. En ataque, con tan poco desequilibrio. Zidane dejó en la banca a Isco, Bale y Asensio. Cristiano era el único que hacía temblar la defensa blaugrana.
Por el otro lado, Barcelona no tuvo respuesta ante la presión y solo apuntó a buscar a Luis Suárez y Paulinho en largo para comenzar a gestionar jugadas desde esa posición cercana a Keylor Navas. Messi, bien marcado por Casemiro en campo propio y Kovavic cuando jugaba cerca del área blanca. Real Madrid lo neutralizó a la perfección. Una primera mitad donde Barcelona fue minimizado. Como en aquella Supercopa Española.
Pero las oportunidades de gol fueron contadas. Paulinho perdió el duelo individual contra Keylor Navas. Ter Stegen con los pies le sacó un mano a mano a Cristiano. Y no mucho más. El local sin creatividad y el visitante sin ideas. Todo muy escaso.
Messi y Zidane cambiaron todo
En la segunda mitad, Lionel Messi apareció. El único que no entiende de axiomas en el fútbol. El que rompe con lo inesperado y transforme todo.
Zidane rotó las marcas. Kovacic abandonó a Rakitic y se preocupó únicamente por el 10. Y por ahí comenzaron los problemas. Busquets, que rompió la presión alta con un gran movimiento de cuerpo, encontró a Rakitic que con una corrida maravillosa posicionó al Barcelona muy arriba, donde siempre hace más daño. El croata encontró a Sergi, que de primera asistió a Suárez que solo tuvo que empujarla. 0-1 sin chistar. Kovacic, pendiente de Messi, dejó solo a su compatriota que con espacios generó todo el desorden.
El partido se quebró rápidamente. Carjaval expulsado y Messi anotando el penal que terminó de enterrar a un pobre Real Madrid. Alejado a lo que mostró en la primera mitad en cuanto a dominio de la pelota. Todo terminó ahí. Fue anecdótico todo hasta que Messi, descalzo, asistiera a Aleix Vidal para anotar el 0-3 en la última jugada del encuentro.
Zidane rompió por si solo todo lo que construyo en la primera mitad. Un equipo sin ideas que perdió el sistema defensivo. Deambuló el segundo tiempo contra un Barcelona superior. Un Barcelona que jugó como lo venía haciendo en la temporada. Todo se explica a raíz de Lionel Messi, el único que puede quebrar un sistema perfecto.
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