jueves 4 de junio de 2026

Maryclen Stelling: Terrorismo

Imposible permanecer impasible ante lo que sucede en el país preso de las pasiones políticas, del odio y el revanchismo en detrimento de la razón, la paz y la convivencia en democracia. Asistimos a un país desgarrado y sujeto a la confrontación a “muerte” que se libra en diferentes frentes de batalla.

Nuevamente se impone una fuerte presión polarizante que pretende arrojarnos a los extremos radicalizados, por lo demás, política y socialmente legitimados por la propia coyuntura bélica.

Ante los llamados a “la guerra” en sus diversos frentes de batalla -transmediático, político, poderes públicos- se incorpora la calle, en tanto poderoso ámbito confrontacional, justificado e impulsado por el fundamentalismo político de sectores fascistas radicales de derecha. La memoria histórica nos retrotrae al abril de 2002 y cuesta admitir que se pretenda reeditar… con todas sus consecuencias nacionales e internacionales.

Se apuesta al triunfo de la violencia y la perpetuación del terrorismo en todas sus manifestaciones, catalizando sentimientos de miedo y terror en la ciudadanía desprotegida. Con fines políticos, se impone la acción criminal perpetrada por la vía del terror, la violencia y la intimidación. Bajo el lema “heroica batalla pacífica” contra un “régimen dictatorial”, se consagra como arma de guerra el uso político de la muerte y, sin medir consecuencias, se desata una campaña terrorista.

El terrorismo por las redes, suerte de asedio moral, acosa en sus espacios privados a la ciudadanía democrática obligada a mantenerse informada, conminada moralmente a no hacerse eco de rumores y democráticamente comprometida a derrotar esta modalidad bélica. El terrorismo psicológico inocula terror y odio en sus peores expresiones, además de promover comportamientos destructivos. La política vandálica entra a los templos de la mano de causas ajenas a la religión. Se construye un lenguaje seudodemocrático que reivindica la destrucción, la violencia, la muerte…

Ante el recrudecimiento del fundamentalismo político, el terrorismo en sus diversas expresiones se apodera de los espacios públicos con fines cortoplacistas de destruir y aniquilar al adversario. Mientras que en el mediano y largo plazo la intención es desplazar el diálogo, la convivencia y la paz; suplantar el disenso y aniquilar los valores de una sociedad democrática.

NV1