Los tormentosos tiempos de crisis económica, que cada día viven los marabinos con asombro inagotable, ha conllevado a que los modos de adquisición y venta de piezas de ropa para vestir, se hayan visto trastocados en formas inimaginables, hasta hace poco para los siempre preocupados ciudadanos de esta ciudad, que les gustaba comprar «con olor a nuevo».
Los nuevos almacenes que pululan en la capital zuliana, transforman, a la hace poco, ciudad más bella de Venezuela.
Hoy parece más en ruinas, como lo reconoció el presidente de la República, Nicolás Maduro, y por lo que pidió a los nuevos gobernantes con acción directa sobre esta urbe, Omar Prieto como gobernador y Willy Casanova, alcalde, para volverla a convertir en la más bella de Latinoamérica.

Pero, mientras eso encamina a su proceso, la dinámica sigue, y en su deterioro, se observan tarantines en cualquier punto de sus calles y avenidas. Unas directamente en casas, ropa que cuelga de cercas, otras en paredes y cercados de avenidas, por el norte, sur, este u oeste. No hay diferencia. Da igual verlo en uno u otro punto de la ciudad.
Juan Rivero, evoca que añora los tiempos recientes, cuando en estas fechas se «iba pal centro a comprarse los estrenos de Navidad y Año Nuevo».
«Eran aquellos tiempos cuando, a todos nos movía algo por dentro que nos atraía al centro de Maracaibo, andar por todos sus rincones, buscar las mejores ofertas, lo mejor y lo más bonito, claro, había que estar mosca porque el gentío daba cancha para que los ladrones aprovecharan entre los empujones».

Rita García, se apega a los recuerdos, y se va a los tiempos cuando salía con sus hijos a comprarle a cada uno sus zapatos, sus pantalones y camisas. Esperábamos algún cobro que sabíamos que nos venía y nos íbamos pal centro. Era la locura».
Hoy, aparecen nuevos escenarios de ventas de ropa, pero con una peculiaridad. No se sabe si en cada uno de esos puntos, hay vestidos nuevos o son usados, porque los marabinos decidieron comenzar a vender lo mejorcito que ya no usan, para rescatar algún dinerito que les permita emplear en la adquisición de alimentos.

En este caso, la avenida La Limpia, cerca del Mercado Periférico muestra este espectáculo.
Ya la gente no va a buscar las tradicionales ofertas en El Callejón de Los Pobres, porque no se valen. Tienen los precios en sus pantalones, camisas, ropa interior, y todo lo que se consigue ahí, movidos por el «como se va cotizando en Dolar Today», como si se tratara de la venta de acciones en la Bolsa de Valores, situada en la avenida Wall Street, Manhattan, New York.
Es que todo ha cambiado. Y los usuarios han quedado como perdidos en la jungla, en medio de una pelea de leones. E igualmente, recordando como en aquellos mejores tiempos: «Oh, y ¿ahora quién podrá defenderme?»

NV1/ELIO BOLÍVAR
