domingo 5 de febrero de 2023

¡LOS BRASILEÑOS ESTÁN HARTOS! De la campaña de insultos entre Lula y Bolsonaro || Segunda vuelta es este domingo

Marcelo siente que se está enfermando, Alexia dejó de chatear con sus vecinos y Luciene no ve la hora de que se acabe: el duelo electoral entre Lula da Silva y Jair Bolsonaro tiene a muchos brasileños hartos, luego de una campaña polarizada y repleta de desinformación.

El mayor país de América Latina está a cuatro días de decidir el domingo si reelige al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro o si su némesis, el exmandatario izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva, favorito en los sondeos, llega por tercera vez al poder. Y en una apretada disputa por el 4 por ciento de electores que dicen que votarán nulo o blanco y los indecisos (1 por ciento), las apariciones de los candidatos inundan los medios y las redes sociales, y dominan las conversaciones de los brasileños.

«Me estoy enfermando porque hay mucho desencuentro», dice a la AFP Marcelo Brandão Viana, un votante de Bolsonaro, lamentando una campaña «sobrecargada» de fakenews y ataques entre los bandos competidores.

«Estoy viviendo eso veinticuatro horas y es horrible», añade este recepcionista bancario, de cincuenta y un años, sin poder privarse de revisar sus grupos de WhatsApp durante su hora de descanso, en el exterior de un centro comercial en Brasilia.

Sentado en una silla en la playa de Copacabana de Rio de Janeiro, José Guilherme Araújo tampoco puede escapar del ruido electoral.

«Me siento exhausto, estoy harto», dice a la AFP este abogado barbudo de sesenta y cinco años, pelo blanco y bañador verde con la bandera de Brasil, quien votará nulo.

«Sólo se habla de elección en los principales canales de televisión, es horrible. Procuro ver canales cerrados (cable) para huir del asunto», añade.

Evitar problemas

El duelo definitivo entre Bolsonaro y Lula estaba casi asegurado desde el año pasado, cuando el expresidente recuperó sus derechos políticos tras ver sus condenas por corrupción anuladas.

Muchos brasileños tienen la impresión de que la campaña arrancó entonces.

En Sao Paulo, Alexia Ebert silenció su grupo de WhatsApp del condominio, convertido en un hilo continuo de información política y desinformación. «No aguantaba más», afirma la estudiante de veintidós años.

Algunos, como Aline Tescer, se quejan de que las propuestas para los próximos cuatro años brillaron por su ausencia. «Me veo igual que en la pasada elección: son siempre las mismas cosas, las mismas acusaciones y me siento sin opción de voto», dice la mujer de treinta y cinco años, en Sao Paulo.

Luciene Soares dice estar «decepcionada» por el «irrespeto» instigado por el presidente ultraderechista.

«Prefiero no decir por quién voto porque uno tiene miedo de las reacciones de las personas. No hablo sobre política porque genera problemas», dice en Brasilia esta comerciante de cuarenta y ocho años, vestida con una blusa verde y amarilla de la bandera brasileña, símbolo nacional que «infelizmente» se apropiaron los bolsonaristas.

«Entre nuestros amigos y nuestra familia decimos: ‘¡Dios! Ojalá que se acabe ya».

Anestesia

El agotamiento no aparece en los sondeos que se publican semanalmente, pero expertos la notan en la calle y en internet, en un país con 171,5 millones de usuarios de redes sociales en 2022 (80 por ciento de la población, +14 por ciento respecto a 2021), según el estudio digital de las agencias We Are Social y Hootsuite.

El alto nivel de consolidación del voto y el bombardeo de información «acaban anestesiando al electorado» y «cansándolo», dice Amaro Grassi, sociólogo del departamento de Análisis de Políticas Públicas de la Fundación Getulio Vargas.

«La presencia permanente de contenido de campaña no comenzó en esta elección pero hoy está muy acentuada», agrega.

«Ahora hablan de política hasta en los sitios de chismes», dice la paulista Iamylle Kauane, de visita en Rio.

Esta asistente social, de veintiún años, espera el final de las elecciones «para volver a la normalidad».

Según Grassi, «la mayor parte de la población querrá volver a su vida y pasar página», pero «quedará un clima de exasperación política; es inevitable».

Aunque hay quien sigue infatigable.

«No me siento cansado», afirma Leandro Albino Oliveira, de treinta y seis años, camisa blanca y tocado con uno de los sombreros que vende en la playa de Rio. «No vamos a descansar hasta que nuestro presidente sea reelecto».

NAM/AFP

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