sábado 6 de junio de 2026

¡LE QUITA FUERZA A LOS HOMBRES! La película Barbie con fuertes críticas hacia su directora

“Barbie” llega a los cines arropada por un arsenal de publicidad y productos. En los tráiler cualquiera podría jurar que es un filme entretenido pero acaba siendo un duro golpe en el estómago. Y, para los más desafortunados, en la billetera.

Sobre todo porque no se entiende la idea que pretende vender su directora Gretha Gerwig más allá del consumismo loco y el feminismo extremista, mientras le tira como loca al patriarcado. No existe un punto medio en el filme, ella va con todo contra los hombres quienes son representados como idiotas.

Quizás esta sea la forma de vengar una idea que intenta vender como unísona pero que solo yace en su cabeza. Esa de que las mujeres no han tenido poder, voz y voto en un mundo dominado por los hombres. O es más bien esta es la excusa para hacer dinero, de nuevo.

Desde allí, y entendiendo esto, el humor y la ironía de Gerwig -escena tras escena- es un arrebato de arrechera, y me perdonan la palabra. Por otro lado, las ideas no terminan de conectar cuando uno intenta procesar aquel chorizo disfrazado con el encanto de la muñeca más rosa del planeta. Ella se escuda precisamente en eso, en la Barbie que es un ícono de consumo que mueve masas, para dar rienda suelta a su odio, vendiendo aquello como una película apta para todo el mundo.

Pero no, “Barbie” no es para niños, tampoco para hombres, y ni qué decir para las mujeres que encuentran en el hombre a un compañero. Aún menos para los fans de la muñeca que abandonan la sala desilusionados, producto de la creciente expectativa sembrada. Pero vamos a desmembrar la historia o por lo menos los aspectos que no conducen a ninguna parte.

Los hombres no juegan con muñecas

En la película, de golpe y porrazo, se zanja la idea de que Barbie es un producto de consumo femenino (que ya de por sí es una postura machista). Se olvida que la empresa que la produce (Mattel) hoy se jacta de decir que es un juguete universal, para niños y niñas. Igualmente en sus 64 años de historia ¿cuántos varones no jugaron con ella y la respetan con gratos recuerdos?

Pero también se olvida a los coleccionistas, muchos de los cuales son hombres y tienen una visión del producto opuesta a la de Gerwig. Con esto quiero decir que ya de entrada la directora revela que es una gran intolerante.

Pero esa no es la única idea extremista. Mattel se representa como una industria fría, llena de imbéciles, todos hombres, que determinan el uso de la muñeca sin visión. Se olvida que en los últimos años la Barbie se ha posicionado como un juguete sexo diverso, que sus medidas, raza y estilo son hoy mucho más inclusivos que nunca. Esto sigue demostrando que Gerwig si bien se muestra como feminista lo hace desde el extremo más radical y conservador.

En la película Barbie no canta, pero Ken sí, quien aparece como un muñeco innecesario, ridículo, aburrido, sin propósito. Un accesorio que vive a merced de Barbie. Él intenta ser todo para ella, pero ella no para él. Por qué, porque ella se considera suficiente como para tomarlo en cuenta, escucharlo y entenderlo. ¡No lo necesita, no lo quiere, no le sirve de nada! Y no hay un momento de la película en el que exista una genuina empatía hacia este de su parte. Al final, incluso le dice sigue tu camino que yo seguiré el mío, como si las mujeres deciden el destino del hombre. Por allí, algunas espectadoras más sensatas salen tocadas diciendo: no, esto no me gustó.

Asimismo, en la película el único padre de familia que se muestra es un tipo tonto que, en lugar de ocuparse de la casa, pasa horas intentando, sin éxito, aprender español. Otra forma de exponer la simpleza y tontería, según Gerwig, del sexo masculino. ¡Misandria pura!

Quería salir de la sala

La película en su discurso genera incomodidad. Pero además, esa forma de representar a la mujer como que no sabe lo que quiere es contradictoria. Y a qué nos referimos: Barbie vive en Barbie Land un paraíso que controla y le cumple en todos sus caprichos materiales. Tiene la mansión, el carro, el clóset, las amigas, pero a pesar de eso un día se desconecta del patrón y empieza a hacerse preguntas. Esto la lleva a huir al mundo real en busca de respuestas a interrogantes como: la celulitis, el pie plano, la desconexión con las niñas que juegan con muñecas o sus dudas en torno a la muerte.

Ken, que está idiotizado por su belleza, se le cuela en el viaje. Obviamente, Barbie no quería llevarlo -enfocada en un autodescubrimiento- pero accede por el hecho de sentirse indefensa. Cuando llegan al mundo real, Barbie ve que todo es lo opuesto a su mundo rosa. El hombre manda, las mujeres son cosificadas, las niñas odian a las Barbies. Lágrimas vienen y van en torno a lo que procesa como imposible. Todo esto mientras intenta encontrar a la niña que la olvidó para reconectar con ella y volver a ser el objeto deseado. Ella solo quiere ser deseada y admirada por niñas: ¡interesante!

Mientras tanto, Ken se da cuenta que fue infravalorado, que en ese mundo real es el hombre el que manda. Pero las contradicciones de Gerwig se repiten una y otra vez mientras expone, por ejemplo, a una mujer médico con la que Ken se topa (¿entonces la mujer sí tiene oportunidades?). Pese a esto, Ken vuelve solo a Barbie Land para cambiarlo todo. Se olvida de Barbie y se preocupa en hacerle saber a todos que el hombre tiene el control. Y busca darle a Barbie una cucharada de su propia medicina. Pero ella sigue sin entender ni lo que realmente quiere, enfrascada en la estúpida idea de que o es negro o rosa.

Molesta con Ken y su nuevo liderazgo busca arrebatarle el poder ganado. Incluso, a pesar de que ella no valore su mundo por querer ser humana para siempre. En este pasticho, de soy esto no soy aquello, lo quiero no lo quiero, no es extraño perderse. Para colmo hay una cantidad de personajes que no pintan nada y solo llenan de clichés el conflicto. Nunca se entiende hacia dónde va la relación de una madre con su hija o por qué se representa en un drama existencial de Barbie. Como si esta madre intentara resolver el gran enigma de lo que quiere ser y hacer con su vida con la muñeca en la mano. No lo sé.

Por otro lado, al final de la película Barbie ya no quiere ser Barbie ¿De verdad? Pues ella sueña con otra vida. Conclusión: sé lo quieras, aunque hoy te provoque una cosa, mañana otra y pasado otra distinta. La verdad es que no nos importa pero había que vender muñecas, ropa, comida, accesorios, maquillaje y hasta cotufas de Barbie. ¿Quién va a negarse si es la muñeca e ícono de la sociedad más capitalista de la historia? ¡Chin chin, suena la caja registradora!

NAM/Últimas Noticias

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