El narcotraficante Rubén Oseguera González, alias «El Menchito«, hijo del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los más peligrosos de México, fue sentenciado este viernes (07.03.2025) a pasar el resto de su vida en una cárcel de Estados Unidos.
El año pasado «El Menchito» fue declarado culpable de los delitos de tráfico de cocaína y metanfetamina y de uso y posesión ilegal de armas de fuego, tras un juicio de dos semanas con jurado.
La jueza Beryl Howell, de la corte federal de distrito de Columbia, en Washington, dictó este viernes cadena perpetua y 30 años adicionales de prisión, la misma condena que recibió Joaquín «El Chapo» Guzmán, el exlíder del cártel de Sinaloa. Además, ordenó al narcotraficante de 35 años pagar más de 6.000 millones de dólares en reparación de daños.
La Fiscalía quería que la sentencia sirviera de escarmiento a «otros» y pidió dos cadenas perpetuas por «su brutalidad» y «la carnicería que el acusado causó personalmente«.
Y es que considera que mató a 15 personas y además «es responsable de muchos, muchos asesinatos«, alrededor de un centenar.
Pero la jueza admitió que cuando entró en el cártel, a los 14 años, «quizás no tuvo realmente la oportunidad» de abandonarlo.
Este era uno de los argumentos de la defensa, que pedía la pena mínima obligatoria de 40 años de prisión porque lo consideran «tanto un producto como una víctima» del entorno violento en el que se crió.
La magistrada replica que a la edad adulta tampoco abandonó la organización.
Vestido con camiseta blanca y jerséi negro, el preso asistió sin inmutarse a la vista judicial de varias horas de duración. La prensa no pudo ver su rostro durante la lectura del veredicto.
Minutos después, imperturbable, dio un apretón de manos a sus abogados.
«Debería haber sido un caso juzgado en México, no en Estados Unidos» porque «no se cometieron actos» en territorio estadounidense, declaró a la AFP el letrado Anthony Colombo al final de la vista. Piensa apelar la sentencia, si fuera necesario ante la Corte Suprema.
Pasar el resto de su vida en una cárcel de Estados Unidos es uno de los peores castigos para un narco. O eso decía el colombiano Pablo Escobar, abatido a tiros en 1993.
Los argumentos de la jueza no dejan cabida a la duda.
Bajo su supervisión el cártel «operaba múltiples laboratorios de metanfetamina» en México y «un equipo de sicarios» lo protegía, afirmó.
NAM – DW
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