El acto descontrolado de arrancarse el cabello se denomina tricotilomanía. Los estudios apuntan que del 0,6% al 3,6% de la población mundial sufre esta enfermedad.
De acuerdo con el psiquiatra Caio Borba Casella, muchas personas la desarrollan cuando atraviesan situaciones emocionales consideradas difíciles, y explica, que estos pacientes experimentan un alivio de estrés momentáneo al arrancar los cabellos aunque eso pueda traer daños posteriores.
Muchos casos se relacionan con otros cuadros psiquiátricos, como ansiedad, trastorno de excoriación —cuando la persona se rasca compulsivamente la piel hasta dejar la carne descubierta— o con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Pero algunas personas pueden tener sólo la tricotilomanía, comenta el psiquiatra.

La universitaria Karina de Assis de 23 años, se arranca el cabello desde la infancia, en momentos de ansiedad o estrés, el acto de la joven se vuelve aún más frecuente.
«En cualquier momento complicado cuando estoy sola, tomo parte de mi cabello, lo arranco y no me doy cuenta, cuando veo, tengo un mechón de pelo en mi mano», le cuenta a BBC Brasil. La joven comenzó a arrancarse el pelo a los nueve años, que descubrió que eso le causaba cierto alivio y no paro más.
La tricotilomanía se manifiesta de dos formas: automática, cuando la persona nota el comportamiento solo al ver el cabello arrancado; o enfocada, cuando el cabello se retira con alguna intención, como reducir el estrés y la ansiedad, o por puro placer. Es común que los pacientes presenten las dos variantes.
La enfermedad puede tratarse por medio de un acompañamiento psicológico o psiquiátrico. En muchos casos, es necesaria también la ayuda de medicamentos, como los antidepresivos.
NAM/BBC/Kariana Aular/Pasante
