Preparar un desayuno de lonchera para el colegio cuesta actualmente los 700 mil bolívares para cubrir solo una semana. En un día solamente puede costar alrededor de 70 mil bolívares, dependiendo de los alimentos y bebida que se incluya en el portaviandas.
El sandwich pasó a la historia al costar de 80 mil bolívares a 120 mil bolívares, un kilo de queso para rellenar el pan cuesta más de 200 mil bolívares y la salsa más de 40 mil bolívares. La bebida también es costosa, un litro de jugo rebasa los 60 mil bolívares, dependiendo de la marca. Y esto, sin incluir una fruta o alguna galleta de complemento.
El contexto económico del país afecta a cada uno de los hogares de distintas maneras, en algunos se acentúa de tal modo que los niños ya no llevan desayuno para el colegio. Para estos casos el portaviandas es un objeto del pasado.
Los padres y representantes golpeados en sus bolsillos ante la falta de recursos en el presupuesto familiar, no envían a sus hijos a clases si no tienen qué comer. El regreso a clases este 2018 es gris y más lamentable que el último día escolar de las vacaciones decembrinas.
En los testimonios recogidos en la calle resalta el comentario de una docente quien afirma que la lonchera ya no existe, pues la mayoría de sus alumnos no llevan desayuno: esa es la raíz de la deserción escolar y los desvanecimientos que algunos pequeños sufren en los planteles educativos, pues no comen nada antes de ir a clases y a las nueve de la mañana (hora del recreo) ya no tienen fuerzas ni pasa salir al patio del colegio a jugar, sus cuerpos se ponen temblorosas y sus ojos se nublan del hambre que sienten en sus estómagos. Es el momento en que llaman a sus padres.
La situación es tan dramática que hay hogares en los que pueden comprar yuca o plátano, pero prefieren dejar a los niños en sus casas, porque así desayunen antes de ir a la escuela no tienen las condiciones de salud ni de concentración para prestar atención a las clases que imparten los docentes, por la falta de nutrientes y proteínas que son los complementos que dan fuerza y energía.
Las cantinas en la mayoría de los planteles desaparecieron: los insumos son muy costosos y los alumnos ya no compraban desayunos por los elevados precios y la falta de efectivo. Los más fuertes, los del ciclo diversificado o de bachillerato, desayunan en sus casas lo que pueden y aguantan el hambre durante toda la mañana hasta que llegan nuevamente a sus hogares al mediodía. Sin embargo, en muchas viviendas la constante realidad es la misma: las neveras están vacías.
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