El millonario Donald Trump se apresta a cumplir sus primeros seis meses en la Casa Blanca aún con la tarea de definir una agenda general para América Latina que permita superar un período marcado por la incertidumbre y la desconfianza.
Desde que se instaló en el Salón Oval, el 20 de enero, Trump recibió en la Casa Blanca a cuatro presidentes latinoamericanos: el peruano Pedro Pablo Kuczynski, el argentino Mauricio Macri, el colombiano Juan Manuel Santos y el panameño Juan Carlos Varela.
Con los cuatro mandatarios Trump mantuvo una conversación marcada por la cordialidad pero que transmitió una realidad: con el nuevo ocupante de la Casa Blanca han cambiado algunas de las reglas del juego, especialmente en términos de intercambio comercial.
En el caso de Venezuela, Trump también muestra los dientes, y esta semana amenazó con «acciones económicas» si el gobierno del presidente Nicolás Maduro insiste con la realización de una Asamblea Nacional Constituyente.
En tanto, el caso de Colombia es particularmente sensible, y por el momento la Casa Blanca parece dispuesta a seguir apoyando el programa llamado ‘Paz Colombia’, y que substituye al acuerdo de cooperación militar y antidrogas ‘Plan Colombia’, que estuvo en vigor durante casi dos décadas.
Sin embargo, Trump provocó un estremecimiento en la relación al recibir secretamente en su residencia de veraneo a dos expresidentes colombianos (Álvaro Uribe y Andrés Pastrana), abiertamente contrarios al acuerdo de paz que Santos negoció pacientemente con la guerrilla de las FARC.
Además, el caso colombiano presenta una complicación adicional: el explosivo crecimiento en la extensión de las plantaciones de coca, un dato que preocupa vivamente a las autoridades estadounidenses.
Para completar el cuadro, el proyecto de presupuesto federal enviado por la Casa Blanca al Congreso recorta drásticamente los fondos destinados a la asistencia internacional, una medida que afecta directamente a diversos planes de cooperación bilateral y regional.
AFP
