Cada 13 de diciembre, día de la festividad de Santa Lucía, los gaiteros hacen la tradicional bajada de los furros en su honor para celebrar la feligresía con gran devoción cristiana.
Los luciteños se aprestan con banderines blancos y rojos para caminar con Virgen por las calles.Es testimonio del patrimonio y las tradiciones de esta pintoresca barriada de la ciudad.
Para los miembros de la comunidad, los luciteños, después de la Chinita su tesoro más preciado es Santa Lucía, protectora de los invidentes.
Santa Lucía se presenta con un platillo con sus dos ojos, una palma dorada, símbolo de triunfo; una cortada en su cuello como reflejo de la manera en que falleció y una corona sobre su cabeza que representa su entrada al reino del Señor.
La joven Lucía nació en Siracusa, Italia, en el año 283. Era hija de padres nobles y ricos.
Su madre Eutíquia la educó en la fe cristiana y la muchacha prometió conservar en secreto su voto de virginidad.
Eutíquia la comprometió a casarse con un joven pagano. La madre enfermó de una hemorragia y decidió ir a rezar al sepulcro de Santa Agueda para suplicar por su salud.
Su madre se curó y Lucía le pidió que abandonara el compromiso y le dejara consagrar su vida a Dios. La mujer accedió y Lucía repartió su herencia entre los pobres.
Furioso por la decisión de la jovencita, el pretendiente la acusó de ser cristiana ante el gobernador, en tiempos del emperador Diocleciano, perseguidor de los cristianos.
Trataron de llevarla a un sitio para prostituirla y ella dijo: ‘pueden prostituir mi cuerpo mas nunca mi alma”.
Se le sometió a un juicio en el que intentaron que abandonara sus creencias y adorara a los dioses paganos. Lucía no quiso y fue decapitada en el año 304. Es una mártir de la Iglesia.
Ella le preguntó al pretendiente qué era lo que más le gustaba de ella, él le dijo que sus ojos, por eso se los sacó y se los entregó en un plato.
No se conserva ninguna pintura de Santa Lucía. Las imágenes que se veneran son producto de la imaginación de los pintores.
Su devoción llegó a Maracaibo de la mano de los inmigrantes italianos, quienes la dieron a conocer. Así se fundó la parroquia donde la veneran. La adquisición de la imagen se presume que data de 1890.
La construcción de su templo comenzó en 1867 con el levantamiento de una nave y una torre y, en 1937, el presbítero José Luis Castellano, quien fue párroco por más de 50 años, inició los trabajos de la nueva iglesia con tres naves y dos torres al estilo neogótico le llevan flores por los favores recibidos.
NV1/Agencias
