El sábado 03 de marzo, Colombia sintió una vez más un atentado contra la democracia, Gustavo Petro denunció un ataque en su contra durante un acto de campaña electoral en Cúcuta.
Expertos en balística han afirmado que las características de los impacto contra el vehículo donde se traslada el candidato coinciden con proyectiles, mientras que por su lado la Fiscalía colombiana han refutado la teoría asegurando que luego de una revisión exhaustiva y análisis de las evidencias se descarta que se haya tratado de disparos por arma de fuego.
Colombia forma parte de una de las regiones más violentas de América Latina, aunque especialistas reconocen el descenso de sus cifras rojas desde la firma del acuerdo de paz, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el año 2017 se registraron 10.870 homicidios en todo su territorio, los «asesinatos políticos» protagonizados por las grandes mafias no quedan fuera de las estadísticas.
El país neogranadino se ha visto envuelto en grandes escándalos por su «política violenta»,donde los intereses de las mafias y los narcotraficantes se ven amenazados por nuevas propuestas de cambio que tienen como premisa pulverizar los males que tanto han aquejado a los colombianos por décadas, en repuesta ante las nuevas expectativas los procesos siempre terminan teñidos de sangre.
Para el periodista Paco Gómez Nadal, la práctica de este tipo de política se ha convertido en algo «normal» , donde «disparar y matar al candidato» se ha vuelto una costumbre en la tan golpeada democracia colombiana.
A partir de un 9 de abril de 1948 la historia colombiana dio un giro con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán , el mejor posicionado entre los aspirantes a la presidencia en ese entonces, fuentes aseguran que su compromiso con los pobres y con la reforma agraria lo hacían “peligroso” para los intereses del poder económico.
Tras el asesinato de Gaitán, en 1987 fue asesinado en Cundinamarca, Jaime Pardo Leal, dirigente de la izquierda colombiana y de la Unión Patriótica, quien como candidato presidencial en 1986 había obtenido una cifra récord de votos. Su popularidad y sus denuncias sobre los nexos del poder político y el narcotráfico, lo colocaron en el ojo del huracán.
Sería en 1990, cuando Colombia volvería a sentir los efectos de su «política violenta» donde la lucha de intereses cobrarían la vida del candidato presidencial: Bernardo Jaramillo Ossa, en manos de un sicario paramilitar llamado Andrés Arturo Gutiérrez Maya.
Si revisamos la historia política del país, la lista de personajes que perdieron la vida intentando llegar al poder es considerable, la Unión Patriótica ha sido uno de los partidos con más impedimentos para cumplir sus objetivos: militantes asesinados, dos de ellos candidatos presidenciales y 11 congresistas.
Luis Carlos Galán terminó asesinado en 1989, cuando fungía como candidato por el Partido Liberal.
Carlos Pizarro, abanderado de una alianza entre el M19 y la muy golpeada Unión Patriótica, fue ametrallado dentro de un avión, cuando competía por primera vez en elecciones por la presidencia de Colombia en el año 1990.
El sicariato político fue usado una vez más en 1994, cuando delincuentes acabaron con la vida de Manuel Cepeda Vargas, secretario General del Partido Comunista Colombiano.
Este sería un pequeño resumen de los candidatos asesinados en manos de sicarios políticos, estadísticas e investigaciones hablan de al menos 29 políticos con miras hacia el poder, asesinados por las mafias y grupos de interés.
Sólo la justicia colombiana podrá determinar si el atentado contra Gustavo Petro se trató de un hecho que pretendía sumarse a la larga lista de los asesinatos políticos en este país latinoamericano.
NAM