sábado 2 de marzo de 2024

¡EL TERROR GOLPEÓ A AFGANISTÁN! Al menos 60 muertos, doce de ellos militares de EE.UU., en atentados en torno al aeropuerto de Kabul

El terror golpeó Kabul y eligió el punto al que todo el mundo mira desde la llegada del Emirato: el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai. Los servicios de inteligencia del Reino Unido y Estados Unidos advirtieron el miércoles de la «amenaza real» de atentado a las puertas del aeródromo y todo a punta que el grupo yihadista Estado Islámico (EI) convirtió estas palabras en realidad este jueves asesinando al menos a 60 personas, de ellos 12 militares de EE.UU. en al menos dos explosiones en el entorno de las instalaciones del aeropuerto.

Un funcionario sanitario ha informado a la BBC de que al menos 60 personas han muerto y 140 han resultado heridos en las explosiones en el aeropuerto de Kabul.

Por su parte, el Pentágono ha confirmado que entre las víctimas mortales hay 12 militares estadounidenses, de los cuales 11 serían marines y uno médico militar. Así mismo, 15 militares de EE.UU. han resultado heridos.

Algunos medios internacionales hablaban de una tercera deflagración, pero hasta el momento no ha sido confirmada.

Miles de personas seguían en el momento de las explosiones en el aeropuerto de la capital afgana a la espera de un avión salvador que les sacara del país, la ansiedad por dejar atrás a los talibanes pudo con los llamamientos desde el Pentágono que les pedían que se alejaran lo antes posible de las puertas de acceso.

El embajador de Estados Unidos en Kabul había comunicado en un principio al personal diplomático norteamericano en Afganistán que cuatro soldados estadounidenses del Marine Corps habían muerto en una de las explosiones en el aeropuerto de la ciudad, y que otros tres habían resultado heridos, según ha dicho a varios medios estadounidenses un alto funcionario con conocimiento de esas conversaciones. El diario ‘ The Wall Street Journal’ ha revelado esas comunicaciones y el número de bajas.

Esta misma semana, los gobiernos occidentales habían advertido repetidamente sobre un ataque inminente por parte del Estado Islámico e instaron recientemente a sus ciudadanos a no acercarse al aeropuerto. Después que ocurrieran las explosiones este jueves, la embajada de EE.UU. ha instado a todos los ciudadanos estadounidenses a que abandonen las entradas al aeropuerto de inmediato.

A falta de la confirmación oficial, los servicios de inteligencia apuntan a un EI cuyos hombres acudieron puntuales a su cita con la muerte y realizaron su primera operación desde la llegada del emirato desafiando de esta manera la imagen de seguridad y fortaleza que quieren transmitir los talibanes al mundo. Todos los países son vulnerables ante el golpe de un suicida, incluido uno dirigido por unos talibanes que durante años han comandado un ejército de kamikazes. Lo único que no cambia es que siempre son los civiles las grandes víctimas.

El modus operandi fue el mismo que los yihadistas han empleado una y otra vez desde que comenzaron a funcionar en Afganistán. Un suicida con un chaleco de explosivos se inmoló en la puerta Abbey, que desde la caída de Kabul en manos de los talibanes ha sido el punto principal de acceso para la evacuación de estadounidenses y sus colaboradores de las últimas dos décadas. Cuando todas las miradas apuntaron a ese lugar y la gente trataba de ayudar a las víctimas se produjo la segunda explosión, esta vez parece que fue un coche bomba, a unos 300 metros de distancia y junto al hotel Baron, la base empleada por los británicos para coordinar sus evacuaciones. Las fuerzas internacionales que quedan desplegadas en el aeropuerto para coordinar la recta final de la evacuación se retiraron inmediatamente de las puertas de acceso y sellaron la zona en la que se encuentran desplegadas en el interior del aeródromo.

El peor temor de Joe Biden se hizo realidad con esta explosión y sumió a la Casa Blanca en un frenesí que sólo se da en las peores crisis de una presidencia. Tras recibir la noticia de que las dos explosiones en el aeropuerto de Kabul, donde se amasan las fuerzas estadounidenses y los civiles que quieren huir del yugo Talibán, el presidente de Estados Unidos canceló su agenda y se reunió con su equipo de seguridad nacional en la sala de crisis, con la prioridad de extraer al millar de estadounidenses que quedan en Afganistán antes de la fecha límite del 31 de agosto.

Lo cierto es que el presidente había advertido de un posible ataque del Estado Islámico en Kabul en al menos tres ocasiones solo esta semana, identificándolo como la mayor amenaza tanto para EE.UU. como para los propios talibanes.

Según dijo a ABC un funcionario de la Casa Blanca, «el presidente se reunió con su equipo de seguridad nacional, incluido el secretario de Estado, Antony Blinken; el secretario de Defensa, Lloyd Austin; el jefe del estado mayor conjunto, Mark Milley, y los comandantes en el terreno en Afganistán y seguirá recibiendo información actualizada sobre la evolución de la situación».

A Biden la informaron los comandantes de que en las dos explosiones hubo afectados estadounidenses, y entonces el presidente pospuso su reunión con el primer ministro israelí, Naftalí Bennet, y anuló un encuentro virtual con gobernadores estadounidenses para hablar del reparto de refugiados afganos.

El 20 de agosto, Biden dijo en un discurso a la nación que existía una «amenaza terrorista en el aeropuerto o sus alrededores, por parte de milicianos del Estado Islámico en Afganistán que fueron liberados de la prisión cuando se vaciaron las cárceles». En varias ocasiones ha dicho Biden que «el Estado Islámico en Afganistán es enemigo jurado de los talibanes». El 22 de agosto el propio presidente añadió que «todos los días hay tropas sobre el terreno, y estas tropas y civiles inocentes en el aeropuerto se enfrentan al riesgo de un ataque del Estado Islámico».

Pulso islamista

Los talibanes reaccionaron a través de su portavoz Zabiullah Muyahid quien insistió en que «nos hemos comprometido a que este país no sea base de grupos terroristas y fuimos quienes alertamos a Estados Unidos de un posible ataque del EI». Los islamistas lograron una rápida victoria militar frente a un Ejército afgano que apenas opuso resistencia, pero ahora les toca dominar a los demonios internos que amenazan la estabilidad de Emirato como el EI. Tras la caída de Kabul, los seguidores del ‘califa’ hablaron de una «falsa victoria» y dijeron en su revista ‘Al Naba’ que «Estados Unidos ha restaurado el Gobierno de los talibanes».

El brazo local del EI se denomina el Estado Islámico de Jorasán, nombre histórico de una región que reivindican como parte de su ‘califato’, que incluiría Pakistán. Lo forman yihadistas escindidos de los talibanes, que juraron lealtad al ‘califa’, Abu Baker Al Bagdadi, después de la autoproclamación del califato en Siria e Irak en 2014 y su bastión se encuentra en la provincia de Nangarhar, al este del país. Afganistán se convirtió de esta manera en una ‘provincia’ más del califato junto a Egipto, Libia, Argelia, Pakistán, Yemen y Arabia Saudí, países en los que diferentes grupos también mostraron lealtad al ‘califa’. Sus banderas negras comenzaron a sustituir a las blancas del Emirato en sus bastiones, aunque poco a poco tuvieron que pasar a la clandestinidad porque los talibanes son un grupo mucho más fuerte y organizado en el país.

Ataques sectarios

La gran diferencia en la forma de actuar de unos y otros es que, sobre el papel al menos, los atentados talibanes estaban dirigidos a las fuerzas de seguridad y a las instituciones gubernamentales, intentando no actuar de forma indiscriminada para no perder su amplia base de apoyo popular. El EI, en cambio, ha seguido desde su llegada la táctica que emplea en Oriente Medio y golpea directamente a los civiles, sobre todo en zonas habitadas por la minoría hazara, seguidores de la rama chií del islam.

Estados Unidos ha combatido al EI desde su aparición y el primer gran golpe se lo dio en febrero de 2015, cuando un misil de un avión no tripulado acabó con la vida del mulá Rauf, el primer gran comandante talibán que rompió con el grupo para jurar lealtad al califa. En 2017, los estadounidenses ocuparon los titulares de la prensa mundial cuando anunciaron que emplearon ‘la madre de todas las bombas’, la GBU-43/B contra una base del EI y mataron al menos a 100 combatientes, según informaron fuentes del Ejército afgano.

Últimas evacuaciones

Este doble atentado terminó de complicar la caótica retirada de Estados Unidos. Con la fecha límite del día 31 a las puertas, países como Bélgica, Canada, Dinamarca, Alemania y Holanda ya había dado por concluidos sus vuelos incluso antes del atentado y los países de la OTAN asumen que miles de sus colaboradores se quedarán en tierra a expensas de que el Emirato les deje salir a partir del 1 de septiembre en vuelos comerciales. Esta es la promesa realizada por los islamistas para todos aquellos que tengan un visado extranjero.

Mientras el aeropuerto de Kabul sigue pendiente de las evacuaciones y la salida de las fuerzas internacionales, el de Kandahar volvió a estar operativo y recibió un vuelo de Médicos Sin Fronteras (MSF)

NAM/Agencias

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