miércoles 3 de junio de 2026

¡DINASTÍA BLANCA! El Real Madrid y cómo controlar las emociones

La victoria en Kiev,  más allá de afirmar su poderío, confirmó que el Real Madrid es el mejor equipo del viejo continente y de la presente década.

 Contra el Liverpool, un rival anárquico y que sobrevive del caos de los partidos, el conjunto de Zinedine Zidane consiguió controlarse a sí mismo. No caerse en esos primeros minutos donde fue el conjunto ingles quien dominó el partido. Con o sin pelota. Presionando en cada sector del campo y cerrando los espacios de acción de los mejores jugadores del rival. Todo hasta que se lesionó Mohamed Salah. Ese fue el momento exacto para tumbar al rival,  cuando su mejor carta está fuera.

Controlar todo

El Real Madrid da comprendido,  más allá de todas las facetas futbolísticas, a controlar sus emociones.  A controlar cuando el rival es superior y salir ileso.  A saber cuándo es el momento de dar el golpe para tumbar al rival y dejarlo tirado en la lona. Cómo le dijo Rocky a su hijo: “Lo más importante no son los golpes que das. Si no lo que eres capaz de soportar sin bajas los brazos”. Eso es el Real Madrid, un conjunto capacitado para soportarlo a nivel futbolístico y emocional.

Más allá de todo los valores futbolísticos que envolvieron el partido: Las paradas de Keylor Navas, la actuación magnifica de Varane y Sergio Ramos, la habilidad de Marcelo para hacerlo todo bien, el partidazo de Modric, la omnipresencia de Benzema y los goles de Bale. El Real Madrid puede explicar lo que ha vivido en su capacidad para sobrevivir mentalmente a todo.

A un gol en contra, a un jugador expulsado, a que le remonten un 3-0 o que te dominen una serie completa a nivel futbolística. Zidane construyó un equipo mentalmente poderoso. Un equipo estable que confía en sus propias capacidades y que sabe que,  por lo menos en la Liga de Campeones de Europa, competencia donde se transforma y todo se convierte en una prueba necesaria de pasar, se ha convertido en un equipo invencible.

Javier Parra Peña.

NAM.