¿Has visto gente que camina, come, respira pero no lo sabe?
¡En serio! Cuando alguien solo ejerce la acción mecánica de respirar como un acto de vida, ¿Cómo lo ves tú?
Yo lo veo como esa rutina de estar, pero sin conciencia. Sin conciencia de que la vida puede finalizar en cualquier momento. Gente que sigue un modo de vivir esperando algún llamado o esperando que el destino cambie en cualquier momento solo porque sí.
Este fin de semana visité a una amiga a quien le hicieron una intervención quirúrgica, ella me dijo: “Pensé en la muerte como una posibilidad”.
La muerte siempre es «una posibilidad», incluso, creo que es necesario que aceptemos que hay cosas que necesitan morir para que otras nazcan y crezcan en nuestras vidas.
Pensando en la muerte, ¡Pienso la vida! En la que tengo, en la que vivo y además en la única realidad posible.
Mi invitación es a reflexionar sobre la muerte, porque es la mayor conexión con la vida y es la mejor forma de saber si la vivo como realmente quiero.
Vivo la vida con la posibilidad de morir, es la razón por la cual sigo viviendo. Vivo valorando cada vivencia, cada ocurrencia, cada estar; sabiendo que no tengo certezas de la vida que tendré y no sé si moriré mañana, pero hoy ¡Decido vivir viviendo!
