A veces uno se empeña en quedarse en mesas donde ya no hay silla para uno. Y no porque te botaron… sino porque ya no vibra, no conversa, no te suma. Encajas, sí. No haces ruido, no rompes nada, sonríes, saludas… pero por dentro sientes ese “¿y yo qué hago aquí?”.
La vida tiene esas ironías: puedes encajar perfecto en un lugar donde tu alma no pertenece ni un poquito.
Es como estar en una fiesta donde todos bailan una música que tú ya superaste. Donde antes te reías con ganas y ahora apenas sonríes por educación. Donde los temas ya no te mueven, donde tus preguntas ya no caben, donde tu crecimiento los incomoda.
Y ahí es cuando intentar pertenecer “a juro” empieza a costar demasiado caro:
– Te roba energía.
– Te apaga la intuición.
– Te obliga a achicarte para no desentonar.
– Te quita paz… pero silenciosamente.
La verdad incómoda es esta:
Pertenecer no es forzar. Pertenecer es respirar.
Es sentirte en casa sin tener que explicar quién eres.
Es no tener que justificar tu luz, tu cambio, tu evolución.
Es estar con gente donde tu versión actual encaja sin pedir disculpas por haber crecido.
A veces no es que los demás cambiaron… es que tú dejaste de quedarte donde ya no estás.
Y eso, lejos de ser una pérdida, suele ser la señal más madura de amor propio.
Si no te da paz, no es tu lugar.
Si tienes que disminuirte, no es tu gente.
Si estar ahí te cuesta… ahí no perteneces.
Cerrar esas puertas duele un rato, pero respirar desde tu identidad real… ah, eso sí que devuelve la vida.
NAM/Laura la Rosa Colmenarez
Síguenos en nuestras redes sociales para que tengas toda la ¡INFORMACIÓN AL INSTANTE!
Visita nuestro sitio web:
https://noticiaalminuto.com/
X:
https://noticiaalminuto.com/twitter
Instagram:
https://noticiaalminuto.com/instagram
Telegram:
https://noticiaalminuto.com/telegram
Grupo de WhatsApp:
https://noticiaalminuto.com/whatsapp
