miércoles 10 de junio de 2026

¡EL MENSAJE DE LOS LUNES! Cuando pedir disculpas parece perder || Laura la Rosa Colmenarez

Alguien te dice «eso me molestó» y algo en ti se activa automáticamente.

No para escuchar. Para defenderte.

«Yo no quise decir eso.» «Tú también lo haces.» «Me entendiste mal.» «Claro, yo siempre fallo en todo.»

Y lo hacemos sin darnos cuenta. Casi como reflejo. Como si pedir disculpas fuera admitir que somos malas personas, que todo lo hacemos mal, que el otro tiene razón en todo.

Pero no es eso.

Disculparse es simplemente reconocer que algo que dijiste, hiciste o dejaste de hacer no cayó bien. Punto. Sin tragedia. Sin juicio. Sin drama.

El problema es que muchas veces convertimos una observación pequeña en una amenaza enorme para el ego. Entonces en lugar de reparar, justificamos. En lugar de escuchar, contraatacamos. Y terminamos haciendo que el otro tenga que explicar por qué se molestó… y casi que pedirle perdón por haberlo dicho.
Eso cansa. Y aleja.

Lo peor es que no era una herida enorme. Era un disgusto. Una incomodidad. Algo que con un «discúlpame, no me di cuenta» se resolvía en diez segundos.

El mal estar crece. Porque lo que más duele no es lo que pasó, sino sentirte incomprendido frente al tema.

A veces no necesitamos una defensa con introducción y cierre. Solo necesitamos escuchar:

«Entiendo. Lo siento. Lo voy a cuidar.»

Eso puede cambiarlo todo.

La pregunta real no es quién tuvo la culpa. Es: ¿puedo escuchar que algo mío incomodó al otro sin convertirlo en un ataque hacia mí?

Muchas discusiones no nacen de lo que pasó. Nacen de una disculpa que nunca llegó.

¿A ti te cuesta más pedir disculpas o recibirlas?

NAM-Laura la Rosa Colmenarez

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