Hoy, al salir de casa, cerré la puerta y escuché el clic del cerrojo. Un sonido tan normal que casi nunca noto… pero hoy lo sentí distinto.
Pensé en cuántas veces cerramos puertas sin darnos cuenta de lo que realmente dejamos detrás.
Cerrar una puerta no es solo un acto físico: es un gesto simbólico que hacemos todos los días, sin saber que también cerramos emociones, etapas, rutinas, relaciones o versiones de nosotros mismos.
Hay puertas que se cierran con alivio: la del trabajo que drenaba, la del vínculo que dolía, la del hábito que te restaba paz.
Hay otras que se cierran con nostalgia: la casa que fue hogar, el abrazo que no volverá, la rutina que ya no encaja en quien eres.
Y hay puertas que se cierran sin darnos cuenta… hasta que un día intentas volver a abrirlas y descubres que la llave ya no encaja, porque tú ya no eres el mismo.
Cerrar una puerta conscientemente es una forma de respeto: hacia lo que fue y hacia lo que sigue.
No todo lo que se cierra es pérdida; a veces es protección.
Y no todo lo que se abre es avance; a veces es recaída.
Piensa en esto:
¿De cuántas casas te has ido sin realmente despedirte?
¿De cuántas etapas te has marchado dejando una ventana entreabierta por miedo a no soportar el cierre?
¿Y cuántas veces sigues asomándote a un pasado que ya no te pertenece, solo para comprobar si sigue igual?
Cerrar bien una puerta es honrar la historia y liberar el presente.
Es mirar hacia adelante sin arrastrar lo que ya cumplió su función.
Es poder girar el pomo y decir: “Gracias por lo que me diste. Me llevo el aprendizaje, no la pena.”
NAM/Laura la Rosa Colmenarez
Síguenos en nuestras redes sociales para que tengas toda la ¡INFORMACIÓN AL INSTANTE!
Visita nuestro sitio web:
https://noticiaalminuto.com/
X:
https://noticiaalminuto.com/twitter
Instagram:
https://noticiaalminuto.com/instagram
Telegram:
https://noticiaalminuto.com/telegram
Grupo de WhatsApp:
https://noticiaalminuto.com/whatsapp
