Lo que se encendió el 27 de febrero continuó con fuerza el día 28, se expandió por varias ciudades del país el tema de los saqueos, las tomas de comercios, los enfrentamientos y la represión se hizo más intensa hasta que en horas de la tarde el propio Gobierno estableció en el Plan Ávila la suspensión de garantías constitucionales y el toque de queda.
Viendo que no tenía control del país, el presidente Carlos Andrés Pérez tomó una decisión extrema con el propósito de retomar el control social que había perdido, suspensión de garantías constitucionales y toque de queda nacional. Una medida que, en los más de 21 años de chavismo no se ha vuelto a ejecutar ni en los peores días de protestas, asonadas y disturbios.
El 27 de febrero de 1989, las calles de Caracas amanecieron revueltas. Ese día, las medidas de ajuste económico–dictadas por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez el día 16–entraron en vigencia. El gobierno pretendía refinanciar la deuda externa a través del Fondo Monetario Internacional, para lo cual subió el costo de subsidios como la gasolina, a cuyo precio le aumentaron 30 céntimos.
Las primeras reacciones vinieron de los conductores del transporte público superficial, quienes, como gremio, acordaron con el Ministerio de Transporte y Comunicaciones un incrementode 30% a la tarifa del pasaje interurbano desde el 01 de marzo. Sin embargo, los choferes de Guarenas se anticiparon y, con ellos, empezó la revuelta.



La población debía permanecer en sus casas desde las 6.00 de la tarde hasta las 6.00 de la mañana. Los cuerpos de seguridad del Estado tuvieron el control del territorio y de la población durante 3 semanas. De forma simultánea, se ejecutaron operativos policiales para reprimir la violencia y hallar a los posibles culpables e incitadores.
Algunas agrupaciones políticas de izquierda fueron señaladas. Miembros de organizaciones sociales y religiosas, vinculados a la teología de la liberación, también fueron arrestados. El Plan Ávila, como se llamada la operación, tenía sus orígenes en los años 60, cuando el país se encontraba asediado por los grupos armados irregulares de izquierda radical, movidos por la Revolución cubana.

De acuerdo con las cifras oficiales publicadas en el momento, aquellos sucesos no sólo dejaron importantes pérdidas materiales, sino también un saldo de 276 muertos, varios lesionados y desaparecidos. Una lista de agravios que no reflejó la realidad: pues, con la aparición de fosas comunes y las investigaciones realizadas desde el comienzo por el Comité de Familiares Víctimas del Caracazo (Cofavic), se concluyó que el número fue mayor al señalado.

Las pesquisas que hicieron las organizaciones no gubernamentales en el momento reflejaron que, entre las víctimas, se incluyeron 7 menores de edad y 5 mujeres; que, de los 43 casos investigados hasta entonces, 18 casos ocurrieron a partir del 1 de marzo, cuando el Plan Ávila impuso el orden y el gobierno aseguró mantener la situación controlada.
Un total de 11 de las víctimas fallecieron en casa, 5 de ellas dentro del horario impuesto por el toque de queda. Las otras 7 fueron ejecuciones extrajudiciales. 14 recibieron disparos en el cráneo, 3 en el cuello, 14 en el tórax y 5 en la espalda. 4 víctimas fueron desaparecidas, después de encontrarse en una zona controlada por las fuerzas del orden. 32 de estos casos se sometieron a tribunales militares.
Sin embargo, algo no andaba bien con esas cifras. Días después del Caracazo, el Estado ordenó la inhumación de un número indeterminado de cadáveres en los sectores Peste I y Peste II de Cementerio General del Sur, en Caracas.

Esto puso en tela de juicio el número oficial de víctimas. Al enterarse de lo sucedido, los familiares reclamaron a los cadáveres. Al principio, funcionarios públicos negaron la existencia de las fosas, pero las pruebas presentadas ante órganos judiciales comprobaron las sospechas. Los familiares reunidos en Cofavic, demostraron ante la justicia venezolana la pretensión que había por desvirtuar las cifras de los afectados en los disturbios de febrero del 1989.

Casi dos años después, tras un proceso de presión interna por parte de las organizaciones y los familiares con la colaboración de expertos, el 28 de noviembre de 1990, se hizo pública la aparición de los primeros restos en la parcela número 6 norte del Cementerio General del Sur, por parte del Juzgado Décimo de Primera Instancia en lo Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas.

Esto tras haber realizado una inspección previa, que determinó que las víctimas enterradas en ese sector no aparecían en los libros de registros de muertes. Un incendio ocurrido en las fosas comunes, denunciado por Cofavic, hizo que el asunto de las cifras fuera más turbio. Hasta la fecha, los números del Caracazo son inciertos, la única certeza clara es que ese día la vitrina de Latinoamérica se desvaneció.
NAM/COFAVIC
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