Un 9 de diciembre como hoy, en 1881, nació en Maracaibo Eduardo López Bustamante, uno de los intelectuales más destacados de Venezuela, durante la primera mitad del siglo veinte, y figura ilustre del periodismo y la jurisprudencia venezolanos.
Como sucesor de su padre, Eduardo López Rivas, tomó las riendas del diario “El Fonógrafo” en 1908. El inicio del nuevo siglo inspiró al joven de 28 años a transformar el periódico en un diario de vanguardia. Abrió una edición simultánea en Caracas e instaló el primer corresponsal venezolano en Europa, convirtiendo a “El Fonógrafo” en el periódico más moderno del país.
Venezuela estaba entonces gobernada por el dictador Juan Vicente Gómez, que imponía una fuerte censura a la prensa. La línea editorial independiente de “El Fonógrafo” en relación a la Primera Guerra Mundial, conflicto en el cual Gómez colaboraba en secreto con Alemania, trajo como consecuencia la clausura del diario. Las oficinas de “El Fonógrafo” en Caracas y Maracaibo fueron expropiadas y López Bustamante fue detenido y llevado al Castillo de San Carlos, donde estuvo preso durante cinco años.
Al salir de prisión, el patrimonio del diario y de la imprenta familiar había desaparecido en manos del gobierno. Se dedicó entonces al estudio de las leyes y en 1924 se graduó de abogado en la Universidad de los Andes, convirtiéndose en un apasionado de la base fundamental del Derecho.
Al iniciarse en Venezuela el movimiento obrero, a raíz de la explotación petrolera, tomó partido al lado de los asalariados, erigiéndose en defensor líder de los derechos de los trabajadores. Sus ponencias jurídicas sobre la contratación de los obreros y los accidentes de trabajo, fueron pioneras en Venezuela. Cristalizaron en leyes, aún vigentes, que dieron origen a los sólidos sindicatos petroleros.
Se consagró como profundo investigador del Derecho a través de sus múltiples trabajos sobre jurisprudencia, que se convirtieron en textos de estudio universitario en toda Venezuela. En 1929 creo ORDO, «Revista Mensual de Derecho, Jurisprudencia y Legislación», hoy referencia obligatoria en materia de historia del Derecho en el país.
Falleció en Maracaibo el 30 de junio de 1939. Según la crónica de la época, el sepelio congregó a tantas personas en las calles adyacentes a su residencia, que obligó a las autoridades a cerrar el paso de vehículos en la zona. Representantes de todas las comunidades del estado Zulia se unieron a miles de obreros petroleros, que viajaron desde la costa oriental del lago para cargar el féretro. De su hogar en la calle Carabobo salió en hombros hasta la iglesia Catedral, seguido del pueblo zuliano en procesión, que dio a sus funerales la pompa del dolor colectivo.
NV1/Nota de prensa Leonor Halla
