viernes 5 de junio de 2026

¡DIECISÉIS AÑOS DESPUÉS! #13Abr Regreso del líder y el fin de una contrarrevolución

 La incertidumbre era el común denominador entre los afectos al chavismo. Su líder había sido derrocado y detenido. “¡Queremos a Chávez! ¡Chávez no renunció, lo tienen secuestrado!”, eran las consignas de quienes el 13 de Abril de 2002 se alzaron y lograron que Hugo Chávez retomará de nuevo el poder y se mantuviera como jefe de Estado durante los siguientes diez años.

Poco duró el gobierno de facto presidido por Pedro Carmona Estanga, autoproclamado el 12 de abril. Poco duró la implementación del llamado Decreto Carmona, que incluía entre otros aspectos, la derogación de la Constitución de 1999 y la disolución de los poderes públicos. Poco duró la celebración de los “sectores golpistas” que dos días antes habían derrocado al gobierno de Chávez, un hecho inédito que tambaleó al proyecto revolucionario y que marcó el devenir de esta política.

Todo comenzó el 11 de abril de 2002 cuando una marcha convocada por la oposición, que en principio se realizaría entre Parque del Este y Pdvsa Chuao, fue desviada hacia el Palacio de Miraflores, con el objetivo de presionar a Hugo Chávez para que renunciara al poder.

Esta movilización se encontró en Puente Llaguno con una avalancha de chavistas, convocados por el entonces alcalde del municipio Libertador, Freddy Bernal, como contraofensiva, lo que derivó en manifestaciones, disturbios, focos violentos, muertos, heridos, detenidos y en un golpe de Estado.

La toma violenta y repentina del poder político se concretó a las 10 de la noche de ese 11 de abril, cuando se interrumpió la señal de Venezolana de Televisión, canal oficial del Estado, y comenzaron a transmitirse informaciones que anunciaban la salida del poder de Chávez.

Luego vino la autoproclamación de Pedro Carmona Estanga como presidente de facto el 12 de abril. Mientras un sector de la población celebraba, un total de 3.757.773 votantes que reeligieron a Hugo Chávez como Presidente en julio de 2000, comenzaron a preocuparse no solo por el destino de la nación, sino por el paradero de quien es considerado el líder de la revolución bolivariana y creador del socialismo del sigo XXI.

Para ese momento, Chávez se encontraba preso en el Apostadero Naval de Turiamo. Sus seguidores dudaban de su renuncia, y espontáneamente comenzaron a congregarse durante la mañana del 13 a las afueras de la Brigada de Paracaidistas en Maracay, otro grupo en la autopista Valle-Coche, en los alrededores de Fuerte Tiuna y, poco a poco, en las afueras del Palacio de Miraflores. Todos con una misma exigencia: “Liberen a Chávez”.

Todo este movimiento popular había sido silenciado por los canales de televisión. En su lugar, se limitaron a la transmisión de dibujos animados. Solo algunos medios comunitarios como Catia TV y Radio Perola (de Caricuao), al igual que la emisora Fe y Alegría 1390am transmitían lo que estaba sucediendo, sacando al aire llamadas de quienes confiaban en el regreso de Chávez. La incertidumbre se había convertido en determinación.

La carta que cambió la historia

Aproximadamente a las 3 de la tarde del 13 de abril, unos cinco helicópteros aterrizaron en la cancha de fútbol de la Base de Turiamo. Su objetivo era trasladar a Hugo Chávez hasta la isla de La Orchila.

Unas horas antes, Chávez, en el puesto de enfermería de la base, había logrado escribir en una hoja blanca un mensaje: “Yo, Hugo Chávez Frías, venezolano, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaro: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo venezolano me dio. ¡¡Para siempre!! Hugo Chávez Frías”.

“Yo le di la idea de que escribiera una carta en uno de esos papeles que le pusieron ahí para que él mismo redactara su renuncia y colocara que no había renunciado. A lo que me dijo: ‘Esto lo tiene que saber el pueblo y mi familia también. Yo no he renunciado, ni renunciaré a mi cargo’”, así rememoró lo ocurrido el cabo Juan Bautista Rodríguez, quien se encargó de llevar la misiva hasta la Brigada de Paracaidistas de Maracay comandada por el teniente coronel Martínez Hidalgo quien, junto con el general Raúl Baduel,organizando el plan de rescate.

“Restitución de la Dignidad Nacional”

La Brigada de Maracay fue el epicentro del movimiento que logró el rescate de Hugo Chávez en La Orchila y su traslado hasta el Palacio de Miraflores.

La acción se denominó “Operación Rescate de la Dignidad Nacional”, la cual se asentó en un manifiesto que exhortaba a los militares rebeldes a deponer su actitud.

Se buscó el apoyo de los medios de comunicación para transmitir el mensaje. Ante la negativa de estos, se logró que a través de canales internacionales se diera la información. Aproximadamente a las 7 de la noche comenzó a organizarse el plan para rescatar a Chávez.

Mientras, en Miraflores, el entonces Coronel Jesús Morao Gardona se ocupaba de mantener el control del Palacio de Gobierno por parte de las tropas leales al Gobierno de Chávez.

A las 11:30 pm, luego de descartar varias opciones para llegar a La Orchila, se designó como comandante de la operación al general Alí Uzcátegui Duques. Se organizaron tres grupos de seguridad y a bordo de tres helicópteros Súper Puma partieron poco antes de las 12 de la medianoche.

Luego de casi dos horas de recorrido, las aeronaves aterrizaron en la Base Naval. Las cartas estaban echadas.

Después del reconocimiento del área y sortear los obstáculos de rigor, el comando logró ingresar a la residencia de la Base. Allí, sentado en un sofá de madera, estaba Chávez junto al cardenal Ignacio Velazco y otros dos militares.

Uzcátegui le informó que habían ido por él. La orden de Chávez fue inmediata: Regresar a Miraflores.

Con el Cristo en la mano

El Palacio de Gobierno convulsionó. La noticia de que Chávez había sido rescatado fue transmitida a los oficiales de Casa Militar, que de inmediato se lo hicieron saber a las miles de personas congregadas en los alrededores de Miraflores.

A las 2:50 de la madrugada del 14 de abril, en el helipuerto del palacio aterrizó un helicóptero Súper Puma en el cual retornaba Hugo Chávez.

Las personas apostadas en el lugar ondeaban banderas de Venezuela, pancartas y afiches. Todos con una misma emoción, con un mismo gritó: “Volvió, volvió volvió”.

A su llegada, luego de saludar a su Gabinete, que poco a poco había ido llegando a Miraflores, entró al Salón Ayacucho para dirigirse al país. Eran casi las 5 de la mañana.

“A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César, y al pueblo lo que es del pueblo. Comienzo así con estas palabras llenas de no sé cuántos sentimientos que cruzan por mi pecho, por mi alma, por mi mente; pensamientos, sentimientos. En este momento soy como un mar multicolor, todavía debo confesarles con los buenos días a toda Venezuela, a todo el pueblo venezolano, a toda la sociedad venezolana, les confieso que todavía estoy estupefacto, todavía estoy asimilando este proceso (…)”, refirió.

“Retorno cargado espiritualmente de un gran amor, si hace dos días yo los amaba a ustedes, hoy más”

Durante la alocución, en la cual llamó a los venezolanos a la calma, Chávez sacó de su bolsillo un crucifijo: “Esta imagen del Cristo crucificado me la regaló, cuando iba saliendo prisionero en la madrugada de hace dos días, hace 47 horas exactamente en este momento, un buen amigo el general Jacinto Pérez Arcay que me dijo: ‘Hijo, llévate a Cristo’. Me lo llevé y aquí está de nuevo. Pues invoquemos a Cristo, a Dios nuestro señor y llenémonos de paz, hace falta mucha paz espiritual en este momento para todo el país”, comentó.

Chávez destacó la labor de las fuerzas militares y de la organización popular en la restitución del hilo constitucional. “Retorno cargado espiritualmente de un gran amor, si hace dos días yo los amaba a ustedes, hoy más, después de esta jornada histórica, de esta demostración sin precedentes en el mundo de cómo un pueblo y sus soldados detuvieron una contrarrevolución sin disparar un tiro, sin derramar sangre, y repusieron las cosas en su sitio”.

Entre lágrimas de emoción, muchos de los que permanecían a las afueras de Miraflores se iban retirando a sus hogares. Se llevaban la satisfacción de ver nuevamente a su Presidente, el que para ellos, no había dejado de serlo y que continuó al frente de la Primera Magistratura del país hasta su muerte.

Abril, 16 años después

16 años después del golpe de Estado de 2002 y del retorno al poder del presidente Hugo Chávez, el patrón pareciera ser el mismo. Manifestaciones callejeras que comienzan como actos pacíficos pero que culminan en hechos violentos, tienen el mismo objetivo: pedir la renuncia del Presidente.

Pero este año el Presidente no es Hugo Chávez, sino su sucesor, Nicolás Maduro. Este año la política de gobierno dice ser la misma pero ha tenido cambios drásticos en cuanto a decisiones económicas y políticas. A diferencia de abril de 2002, los hechos violentos de este año no iniciaron en abril sino en febrero, y se han mantenido con mayor contundencia en varios estados del país.

Desde el Gobierno lo califican como un intento de “golpe suave y continuado” y desde la oposición lo niegan, pues aseguran que se trata de manifestaciones constitucionales por la defensa de los derechos ciudadanos.

NAM/Agencias