El accidente ocurrió en el distrito de Svay Leu, en la provincia de Siem Reap, donde en las décadas de 1980 y 1990 hubo intensos combates entre soldados del Gobierno camboyano y guerrilleros rebeldes del grupo comunista Jemeres Rojos. Este grupo había sido expulsado del poder en 1979.
Muo Lisa y su primo varón, Thum Yen, vivían en casas vecinas en la remota aldea de Kranhuong. Al parecer, sus padres estaban realizando tareas agrícolas cuando los dos niños de corta edad se toparon con el artefacto sin estallar y este detonó. Los expertos del Centro Camboyano de Acción contra las Minas determinaron después, a partir de los fragmentos, que se trataba de una granada propulsada por cohete.
Las municiones antiguas sin detonar son especialmente peligrosas porque su contenido explosivo se vuelve volátil a medida que se deteriora.
“Sus padres se instalaron en un terreno que había sido campo de batalla y no sabían que había minas terrestres o municiones sin detonar enterradas cerca de sus casas”, declaró Heng Ratana, director general de la CMAC. “Es una pena porque eran demasiado jóvenes y no deberían haber muerto así”.
Se calcula que entre cuatro y seis millones de minas terrestres y otras municiones sin detonar fueron sembradas en la campiña camboyana durante las décadas del conflicto que comenzó en 1970 y terminó en 1998.
Desde el final de los combates en Camboya, casi 20.000 personas han muerto y unas 45.000 han resultado heridas por los restos de explosivos de la guerra. El número de víctimas ha disminuido con el tiempo; el año pasado hubo 49 muertos.
NAM/Agencias
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