Tras dos semanas de tensiones entre Venezuela y Estados Unidos, por el despliegue de buques destructores, submarinos y equipos militares de avanzada en aguas del Mar Caribe, y con el anuncio de pago de recompensa de hasta 50 millones de dólares por la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien Donald Trump acusa de liderar un cártel de drogas, considerado por Washington, una ‘peligrosa organización terrorista’, expertos hablan de los posibles escenarios.
El punto más álgido llegó el pasado 15 de agosto, cuando la administración del presidente norteamericano firmó una orden ejecutiva para el despliegue de más de 4.000 marines en la región como parte de su ofensiva para “frenar los cárteles de la droga”.
Además, el gobierno de EE.UU. aumentó la incertidumbre en la región con el despliegue de un escuadrón anfibio en el sur del Caribe, comandado por los buques USS San Antonio, USS Iwo Jima y USS Fort Lauderdale.
No está planteada la intervención

El politólogo Enderson Sequera negó la posibilidad de que se pudiera producir un escenario de intervención militar por parte de los Estados Unidos debido a la gran extensión de territorio que abarca Venezuela, lo que asegura representaría una guerra larga, costosa e innecesaria para EE.UU.
«No habrá una ocupación militar en Venezuela por una razón muy simple: Estados Unidos necesitó 27 mil soldados para invadir Panamá y ese es un país de 75 mil kilómetros cuadrados, mientras que Venezuela es un país de casi un 1 millón de kilómetros cuadrados de territorio. Se necesitarían más de 250 mil a 300 mil soldados para ocupar militarmente Venezuela y eso en estos momentos está totalmente descartado”.

Sequera señala que la política internacional del presidente Trump busca evitar este tipo de conflictos, aunque reconoce que el despliegue representa un gasto muy significativo, por lo que plantea posibles opciones que pudieran ejecutarse mediante esta operación.
“Con la actual capacidad militar que desplegó EE.UU. se puede dar un escenario de capturas concretas, mediante una operación quirúrgica que capture a militares miembros de de algún cartel de drogas y tal vez a líderes políticos o militares buscando ejercer mayor presión para una negociación». Pero, lo que sí está claro es el riesgo que cualquiera de los altos funcionarios del Gobierno de Venezuela corre con esta operación.
Efecto intimidatorio

Para el director de Espolitiks, Andrés Eduardo González la operación que realiza el gobierno de los Estados Unidos representa una especie de continuación de la movilización realizada hace cinco años, despliegue que, asegura, ‘no tuvo el éxito necesario’ debido a diferentes factores que ejercieron una gran influencia en las maniobras planteadas en 2020.
González recuerda que, entonces, la llegada de la pandemia, provocó que la atención global se enfocara en la crisis sanitaria y esto evitó que la Casa Blanca mantuviera su foco en el tema del narcotráfico en Venezuela. Además, agrega que durante esa etapa «la oposición perdió muchísimo músculo y no pudo generar una presión interna».

Sobre lo que busca Estados Unidos con esta operación, considera que puede haber un interés político o, por la parte eje del tema, solamente un operativo contra el narcotráfico, «porque tener un despliegue de tropas estadounidense en el Caribe, a muy pocas millas de la costa venezolana, genera efectos disuasorios e intimidatorios, aumentando la presión».
Otro factor, añade, es que “el aumento de las incautaciones de droga producto de este operativo, va a afectar el flujo de caja de ciertos actores que tienen operaciones en Venezuela respecto al narcotráfico”.
Sobre el impacto que esta operación pueda tener sobre el presidente Nicolás Maduro y su gobierno así como sobre su Fuerza Armada, González fue cauteloso y expresó que se podrá valorar en semanas o tal vez meses y en las acciones que desde el gobierno de Venezuela puedan ejercerse.
Victoria sobre el tablero

El abogado con Máster en Comunicación Política y Marketing Electoral, Andrés Silva coincide con Sequera y detalla que las intenciones del gobierno de Trump con este despliegue parecen apuntan más a una decisión estratégica.
El experto señala que Trump busca imponerse en el panorama internacional, situación, que, a su juicio, se vio reflejada durante su encuentro con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, e hizo énfasis en el retorno de las licencias petroleras para Venezuela.
«Estos movimientos cumplen una función de imposición de presencia en la región. Es una función que busca generar presión y lograr que el cumplimiento de estos acuerdos y que la manera en que se instauren estas políticas sean absolutamente favorables para el gobierno de los Estados Unidos. Veo muy difícil que esto transcurra en opciones bélicas o que se realice una acción en contra del gobierno venezolano».

Silva asegura que resulta muy difícil pensar en un cambio en el escenario entre las relaciones de ambos países debido a que, explica, se mantienen vigentes las conversaciones en torno de las licencias petroleras y comerciales, lo que asegura es la principal prioridad de ambas naciones en sus relaciones bilaterales.
“El gobierno de Donald Trump necesita una victoria y el contexto internacional es una manera relativamente fácil para él mostrar algún hecho concreto. No creo que vayan a tomar acciones más allá de lo meramente simbólico o más allá de lo intimidatorio en la región».
Presencia disuasiva
En este contexto, el abogado y doctor en Derecho, Carlos J. Sarmiento Sosa, indica que después del primer despliegue realizado hace cinco años, se han visto cambios significativos en las Américas. «El tráfico ilícito de narcóticos a través del Caribe ha aumentado, adaptándose a nuevas dinámicas, especialmente tras la pandemia, que alteró rutas y métodos de transporte».
El jurista menciona que, adicionalmente, la cooperación internacional también se ha fortalecido, pues a su juicio, los países del Caribe y Suramérica ahora cuentan con más apoyo en inteligencia y logística por parte de EE. UU., particularmente con la presencia del presidente Trump en la Casa Blanca.

Para Sarmiento Sosa, el despliegue de buques impulsado por los Estados Unidos busca interceptar rutas marítimas utilizadas por organizaciones criminales y proveer asistencia a países colindantes con el mar Caribe en materia de seguridad. Además, asegura que este plan refuerza la presencia disuasiva en áreas marítimas críticas, dificultando la operación de grupos ilícitos.
«Es de pensar que la operación, dada su escala y visibilidad, tiene como eje central la interdicción del narcotráfico y la protección de la seguridad regional, según los comunicados oficiales y la naturaleza de los recursos desplazados. No obstante, puede ejercer presión disuasoria sobre determinados actores políticos en la región. En esencia, el esfuerzo está orientado al combate del crimen organizado, aunque sus consecuencias pueden trascender el ámbito puramente operativo».
NAM/Reportaje Especial Versión Final
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