Cada día de hiperinflación que vive el país, es un día de destrucción, de allí que el primer gran desafío tiene que ver con el reconocimiento de la profundidad de la crisis que está viviendo Venezuela y que se expresa en la hipérinflación, asegura Marino González, profesor de Política Públicas en la Universidad Simón Bolivar.
El especialista estará participando este martes en el Gran Encuentro Empresarial, que se celebra en el marco de la LXXIV Asamblea Anual de Fedecámaramas, que se instaló este lunes en la sede del organismo empresarial, con la particiación de dirigentes procedentes de todo el país.
Destacó que al comenzar el mes de julio, Venezuela ya entra en un peródo ocho meses de hiperinflación, advirtiendo que es necesario asumir que cada día de hiperinflación es un día de destrucción, no solamente económica, porque este problema lo venía afrontando el país desde hace algún tiempo, sino que también implica la destrucción desde el punto de vista social, como nunca lo habíamos tenido en Venezuela, porque la hiperinflación venezolana es la segunda del siglo XXI en el mundo y es, si los pronósticos se cumplen, Veneszuela tendría la hiperinflación la segunda más elevada del mundo y la más grande en la historia de América Lattina.
“El primer desafió es llamar la atención de que cada día que pase sin que se tomen las medidas adecuadas para evitar las complicaciones que está teniendo la hiperinflación, es un día de mayor destrucción del país. La experiencia internacional indica que un país con las características que tiene Venezuela, especialmente en el área de políticas públicas que se han implementado en las ultimas dos décadas, deste proceso de hiperinflación tienden a prolongarse, no son de fácil resolución e insisto en que cada días, cada mes que pase en el cual se produzca este deterioro, las condiciones en las cuales las personas viven, se van a complicar mucho más”.
Advierte que el segundo desafío, es que para resolver este primer problema, el cual es de grandes dimensiones, las decisiones que se tomen, en el momento en que se puedan tomar y que exista un gobierno que reconozca la profundidad de
este proceso, las decisiones que se tomen deben convocar a una Venezuela completamente diferente a la que conocemos, porque la solución no va a ser solamente a través de cambios en la política económica, en la política social.
NAM/El Impulso
