Se avecina un otoño caliente en las calles de Brasil. Profesores y alumnos están en pie de guerra después de que el ministro de Educación de Bolsonaro, Abraham Weintraub, anunciara un recorte del 30% del presupuesto de todas las universidades públicas.
Lo hizo después de acusar a tres centros en concreto de «promover alborotos» y acoger «eventos ridículos» en vez de centrarse en el buscar la excelencia académica. En principio, sólo iban a ser ‘castigadas’ por los recortes la Universidad Federal de Bahía, la Universidad de Brasilia y la Universidad Federal Fluminense de Niteroi, en Río de Janeiro.
Sin embargo, poco después extendió la medida a todos los centros de educación superior que dependen del Gobierno central: más de 60 universidades y una cuarentena de institutos de formación profesional. Muchos ya amenazan con echar el cierre si el anuncio se hace realidad.
Una de las señaladas por el ministro, la UFF de Niteroi, fue también de las primeras en movilizarse: «No se trata sólo de recortes económicos porque estamos en crisis. Es algo ideológico, por eso empezó en determinadas universidades a las que se quería reprimir», comentaba a EL MUNDO Fabiana Amorim, estudiante de Producción Cultural vinculada a la Unión Nacional de Estudiantes, el principal sindicato estudiantil.
Para muchos alumnos, el recorte tiene algo de represalia. El pasado mes de octubre, durante la campaña electoral, algunos estudiantes quisieron «alertar» de la llegada de la ultraderecha al poder colgando grandes pancartas antifascistas, un gesto que se repitió en varias facultades de Brasil y que acabó en polémica. La policía entró en los campus para retirar los carteles, pero la Justicia obligó a dar marcha atrás en aras de la libertad de expresión.
La justificación oficial para los recortes es que, durante años, Brasil invirtió demasiado en la educación superior y descuidó la formación de base. En opinión del ministro, la política de los Gobiernos de Lula da Silva y Rousseff de expandir el acceso a la universidad a través de becas y cuotas para negros, pobres o indígenas, fue una «tragedia» porque formó a toda una generación de jóvenes que ahora está desempleada. Para Bolsonaro, hay que dejar de lado las carreras de letras como Filosofía y Sociología y centrarse «en las que generen un retorno inmediato al contribuyente, como Veterinaria, Ingeniería y Medicina», decía hace poco en Twitter a modo de ejemplo.
El Mundo
