La vida le ha cambiado mucho a Miguel Cuenca desde 1994, cuando tenía que encerrarse en casa a cal y canto cada fin de semana para combatir el ruido que se encaramaba desde los locales de la calle y se colaba por sus ventanas.
Entonces era un activista, una persona capaz de recorrer cada despacho del Ayuntamiento de Valencia para conseguir (casi) su único objetivo: dormir.
«Me reuní con todos los grupos políticos y fui muy insistente. Íbamos a todos los plenos con una pancarta porque la situación en Xúquer era insoportable. Había tantos locales y tanta gente haciendo botellón que las molestias eran insufribles. Luchamos mucho y al final lo conseguimos», explica desde el ya tranquilo salón de su casa incluso con el balcón abierto de par en par.
Fue su primera gran victoria: el Ayuntamiento cedió a sus presiones y declaró la primera Zona Acústicamente Saturada (ZAS) de España en la plaza de Xúquer. Una norma que prohibía las discotecas y establecía una distancia mínima entre locales de 65 metros y que logró reconducir una situación de pesadilla para los cientos de vecnios del barrio.
Hoy Miguel tiene 87 años y ya no le quedan más ganas de pelear. «Aquel acuerdo no se cumple, pero si veo las mesas de los bares agolpadas unas contra otras paso de largo. Es una batalla que ya no me corresponde», se defiende. Aun así, Miguel ha conseguido ahora su segunda gran victoria contra el ruido.
Tenía razón
El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo le acaba de dar la razón tras más de 20 años pleiteando y ha ordenado indemnizarle con 14.000 euros por las molestias que sufrió durante aquella etapa de su vida. La victoria llega ahora en forma de sentencia, pero la batalla la libró entonces, cuando era presidente de la Asociación de Vecinos y todavía tenía arrestos de activista. Una vez conseguida la declaración de ZAS, Miguel llevó su caso a los tribunales para que se le compensaran tantos años de molestias y las reformas que tuvo que afrontar en su casa para minimizar el impacto del ruido.
«Ya no me hace falta el dinero, pero el gasto en abogados ya estaba hecho y por eso decidí seguir hacia adelante incluso después de que el Supremo tumbase mi reclamación. Han pasado casi 20 años, pero es una victoria moral importante», confiesa relajado.
NV1/El Mundo
