México pasa por momentos terribles de intenso dolor. La destrucción y tras ésta, los muertos que a cada minuto parecieran alimentar las estadísticas sin cesar, dejan un amargo sabor para ese país y para todo el mundo.
En esas labores de búsqueda, rescate y salvamento, se manejan códigos, que por lo general son «íntimos» entre los organismos de protección civil y cuerpos de seguridad ante eventos semejantes.
Esta vez, el mundo, ha presenciado, con expectativa, desde el lugar de los hechos, cómo brigadas de rescatistas, integradas por médicos, paramédicos, militares, protección civil, y toda suerte de profesionales hacen esfuerzos para salvar lo más que puedan, hasta la última vida que subyace debajo de las montañas de escombros, que lamentablemente guardan muchos fallecidos, pero también vidas que esperan por un milagro que los saque al mundo exterior de nuevo.
Los millones de televidentes han presenciado, como los rescatistas, actúan como un ejército, y con códigos visibles con los que se transmiten mensajes, sustituyendo la voz.
Así, se observan, a cada minuto, levantar la mano con el puño cerrado, que indica guardar silencio para que los especialistas en rescate puedan captar hasta el más mínimo sonido que les indique y oriente, que hay vidas posibles dentro de los escombros.
Hasta el pueblo que rodea los escenarios, se ha adaptado a ese lenguaje, y como si se tratara de una cancha de tenis, cuando se les llama al silencio, con la mano empuñada levantada, todos guardan silencio.
Un puño levantado que indica silencio, para intentar escuchar a personas bajo los escombros #sismo #mexico #rt pic.twitter.com/xYQAixJO1P
— Paola Guzmán (@_pguzman) 20 de septiembre de 2017
NV1/ELIO BOLÍVAR
