La primera señal de que el concierto de René o «Residente» estaba por empezar fue el desfile de estrellas que cruzó por el mismo centro del lote, frente a la tarima, hacia un área VIP. Benito Martínez, conocido como Bad Bunny, fue el primero en pasar.
Tan solo minutos antes había llegado al backstage con una parranda sorpresa. Después, pasó Eduardo Cabra y, tras él, Álvaro Díaz, quien saludaba a los fanáticos que gritaban su nombre desde el público. Poco tiempo después cruzó iLe, acompañando a su pequeño sobrino, Milo. Mientras pasaban, la vista dejaba de percibirlos al poco tiempo entre los miles de personas que esperaban con ansias a que René Pérez hiciera su entrada a la tarima.
Como si se tratara de algún debate político, sobre las dos esquinas extremas del escenario reposaban dos podios negros. El del lado izquierdo llevaba pintado el nombre “Residente” en letras blancas y el derecho decía “René”. El primero estaba conectado por un camino de papeles a una mesa desde la que una mujer escribía las letras de canciones. El otro conectaba a una segunda mesa desde que la una artista dibujaba acuarelas en vivo.
Cuando René hizo su aparición en la tarima, se dirigió primero al podio con su nombre. Vestía una camisa blanca de mangas largas y sobre ella un chaleco negro de líneas. En su cuello descansaba un collar con un pequeño machete plateado. Allí, con micrófono en mano, mirando intensamente a su público, comenzó a cantar uno de sus temas más íntimos. El cantante se postró frente al podio y cerró los ojos cuando el coro de la primera canción de la noche retumbaba por todo el Lote 4. “Cabeza, rodilla, muslos y caderas”.
René vs Residente
El público gritaba con emoción, mientras Pérez daba voz, sin abrir en ningún momento los ojos, a “René”. Como en un trance sobre la tarima, el rapero cantaba, verso tras verso, y en lo que quizás haya sido la sorpresa más tierna de la noche, su madre, Flor Joglar, vestida en un elegante traje rosado, apareció a sus espaldas cantando el emotivo estribillo. René no pudo contener sus lágrimas y madre e hijo compartieron un pequeño abrazo entre aplausos.
Segundos después, el cantante cruzó hacia el otro lado de la tarima. En el camino, se detuvo brevemente, y recogió del piso una gorra negra con la letra “R”. Se la puso, ante un público rugiente, como un casco de guerra, antes de pararse frente al podio de “Residente” para cantar una mezcla de los temas “El pecador”, “Baladista”, “Pa’ divertirme” y “Yo sé pero no sé”.
A esto le siguió “Ron en el piso”, para la que René tomó una botella colorida y se acostó en escenario a cantar.
“He conectado con mucha gente. Siempre que llego acá me lo disfruto al máximo. He tenido bajones en mi vida, bajones cabrones, y me he sentido abajo. Lo único que me sube es la energía, y este tipo de energía, que me ha dado esta gira que estoy terminando en Puerto Rico, me levanta, ustedes no saben cuánto. Hablo siempre honestamente, he tenido problemas por eso. Esto que está pasando me levanta mucho”, dijo René al enorme gentío que esperó por varias horas para verlo y escucharlo.
Viaje al pasado
Su siguiente mezcla fue algo así como un viaje al pasado en el que cantó algunos de sus viejos temas más reconocidos. Los miles de voces se unieron a la del artista para cantar clásicos como “Baile de los pobres”, “Nadie como tú”, “Cumbia de los aburridos”, “Atrévete” y “El aguante”. Durante este segmento, el rapero también cantó canciones como “Muerte en Hawaii”, que introdujo como una de sus favoritas, y “Vuelta al mundo”, dos de sus temas más románticos.
Luego, pasó a lo político. Antes de dar voz a “Guerra”, envió un mensaje de solidaridad a varios países que se enfrentan o han enfrentado recientemente conflictos bélicos como Palestina, el Congo y Ucrania. “This is not America” vino después, seguida por otro de sus temas más conocidos: “Latinoamerica”. Mientras la gente cantaba el emotivo coro, “tú no puedes comprar el viento, tú no puedes comprar el sol…”, se podían ver varias banderas de países latinos como Colombia, México, Argentina y, por supuesto, Puerto Rico, flotando entre el público.
En un momento dado, René pidió al público que encendieran las linternas de sus celulares, evocando la presencia de un verdadero mar de estrellas en medio del lote oscuro. En otro momento, durante un solo, su pianista comenzó a interpretar una nostálgica versión de “Verde luz”, a la que el público, a incitación del cantante, unió sus voces en coro para los versos finales: “isla mía, flor cautiva, para ti quiero tener libre tu suelo, sola tu estrella, isla doncella quiero tener, verde luz de monte y mar…”
Los siguientes temas fueron todos de ese corte más profundo en el repertorio del artista. Pero sabiendo que este concierto era, también, un tipo de fiesta, René quiso levantar las energías de su público con otro de sus temas clásicos. Esta vez, acompañado por el icónico Ñengo Flow, dieron voz a “Chulin Culin Chunfly”.
“Gracias siempre por representarnos de corazón y por meter mano por nosotros durísimo”, le dijo Ñengo a su colega antes de partir.
Los temas “Fiesta de locos” y “Vamo’ a portarnos mal” sirvieron como la cherry sobre el mantecado para concluir el concierto en una nota enérgica y como tema semifinal, René dio voz a “El futuro es nuestro”. La noche concluyó con el tema “313″, en compañía de Silvia Pérez Cruz. El público unió una vez más sus voces a las de los cantantes, probando que quizás, tal vez solo un poco, las letras de René Pérez todavía sí importan.
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NAM – El Nuevo Día
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