A casi un mes de los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, la ONG Plan Internacional advirtió que las consecuencias de la emergencia ya no solo se reflejan en la destrucción de viviendas, sino también en el deterioro de la salud física y mental de niñas, niños y adolescentes que permanecen en las zonas más afectadas.
La organización explicó que las condiciones en los campamentos temporales, la pérdida de sus hogares, la acumulación de escombros y los cambios en el entorno familiar están profundizando el impacto emocional del desastre. Según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), actualmente más de 23.800 personas permanecen en 107 campamentos transitorios y unas 17.900 continúan sin vivienda.
Plan Internacional indicó que sus organizaciones aliadas en el terreno han detectado un aumento de síntomas asociados al estrés postraumático, como dolores físicos sin causa aparente, dificultades para dormir, sobresaltos frecuentes y una sensación permanente de inseguridad entre la población infantil.

«Cuando hace brisa yo me meto para el cuarto y me escondo y me asusto», relató Victoria, una niña de nueve años residente en La Guaira. Naomi, de cinco años, contó que las pesadillas forman parte de su rutina desde los terremotos: «Yo estaba en la playa y un tsunami me estaba persiguiendo».
La organización también recogió el testimonio de Michelle, madre de tres niñas, quien aseguró que el miedo sigue marcando la vida cotidiana de sus hijas. «Están asustadas, tienen miedo. La niñez ahorita necesita apoyo psicológico que les ayude».
Yesica Serrano, asesora regional de Protección de la Niñez en Acción Humanitaria de Plan Internacional, señaló que la atención emocional debe convertirse en una prioridad durante esta nueva etapa de la emergencia. «Cuando pasa el impacto inmediato del terremoto, el efecto no desaparece: se queda con niñas, niños y adolescentes, tanto en el cuerpo como en la mente».

Asimismo, explicó que las manifestaciones del trauma varían según la edad. Mientras los niños pequeños pueden dejar de comer, presentar llanto constante o alteraciones del sueño, los adolescentes tienden a aislarse, mostrarse más agresivos o alejarse de su entorno. «Estar conscientes de estas señales y actuar sobre ellas, junto con la atención médica, es tan urgente como reconstruir un techo», sostuvo Serrano.
Ante este panorama, Plan Internacional informó que, junto con organizaciones aliadas, desarrolla programas de apoyo psicosocial, espacios seguros para la niñez y mecanismos de atención especializada en salud mental. Además, pidió que la respuesta humanitaria incorpore datos diferenciados por edad y género para adaptar mejor la asistencia a las necesidades específicas de niñas, niños y adolescentes.
NAM/Noticiero Digital
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