Un equipo internacional creó una aproximación facial digital a partir de varios fósiles de Jebel Irhoud y confirmó que aquel humano tenía un cerebro de tamaño moderno, aunque en el rostro una cara más ancha y robusta que la actual
Un equipo internacional de investigadores reconstruyó digitalmente el rostro de uno de los primeros representantes conocidos de Homo sapiens, cuyos restos fueron hallados en el yacimiento de Jebel Irhoud, en Marruecos, y datan de hace aproximadamente 315.000 años.
El trabajo, publicado en la revista científica Heritage, ofrece una aproximación facial forense elaborada exclusivamente con herramientas de código abierto. Los investigadores combinaron modelos tridimensionales y técnicas de reconstrucción facial para estimar la apariencia del rostro que pudo tener este humano prehistórico.
El resultado no corresponde a una persona concreta. El cráneo utilizado es un modelo compuesto que integra restos de varios individuos encontrados en la misma capa arqueológica del yacimiento, conocida como Capa 7. La reconstrucción se basa principalmente en el fósil Irhoud 1, descubierto en 1961 por un trabajador de una mina.
Ese ejemplar conserva la bóveda craneal y la parte superior de la cara. La mandíbula fue incorporada a partir del fósil Irhoud 11, mientras que la región maxilar y los dientes superiores proceden de los restos identificados como Irhoud 10, Irhoud 21 e Irhoud 22.
Un cerebro comparable al actual
El análisis digital calculó un volumen endocraneal de 1.364 mililitros, una cifra compatible con mediciones anteriores realizadas directamente sobre los fósiles, que situaron su capacidad craneal entre 1.305 y 1.480 mililitros.
Tras aplicar una reducción del 9,81% para estimar el volumen del tejido cerebral, los investigadores obtuvieron un valor aproximado de 1.230 centímetros cúbicos. La cifra es muy cercana a la media estimada para un varón adulto moderno, de unos 1.234 centímetros cúbicos.
Los resultados refuerzan la idea de que los primeros Homo sapiens ya contaban con una capacidad cerebral dentro del rango observado en los humanos actuales, aunque sus rasgos físicos todavía conservaban características consideradas arcaicas.
Rostro: Una cara más ancha y robusta
La principal diferencia se encuentra en el rostro. Según el estudio, la distancia entre los puntos frontomalares orbitarios —que mide la anchura de la cara a la altura de los pómulos— era de aproximadamente 118 milímetros, frente a una media de 96,6 milímetros en las poblaciones humanas modernas.
La medida se situaría cerca de 4,75 desviaciones estándar por encima del promedio actual, una diferencia considerable. La mandíbula también era más ancha: la distancia bigonial alcanzaba unos 106 milímetros, frente a los 96,9 milímetros de media registrados en humanos modernos.
La reconstrucción muestra así a un individuo con una capacidad cerebral moderna, pero con una estructura facial más amplia, fuerte y robusta que la predominante en las poblaciones actuales.

Una reconstrucción con límites
Los autores advierten que la imagen debe interpretarse como una aproximación científica y no como un retrato exacto. Además de estar formado por fósiles pertenecientes a distintos individuos, el modelo utilizó referencias de tejidos blandos basadas en humanos modernos, que pudieron no coincidir plenamente con las características de los habitantes de Jebel Irhoud.
Aún con esas limitaciones, el estudio proporciona una representación visual de uno de los primeros humanos asociados a nuestra especie y demuestra que la evolución de Homo sapiens no siguió una transformación uniforme. El cerebro alcanzó proporciones modernas mientras el rostro mantenía una apariencia más primitiva.
NAM-Agencias
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