Un test que analiza residuos de células tumorales que circulan en la sangre ha sido capaz de detectar ocho de los tipos más frecuentes de cáncer en un estudio basado en muestras de más de mil pacientes.
Los resultados, que la revista Science presentó ayer online, representan un avance hacia el objetivo de diagnosticar precozmente una mayoría de cánceres mediante un análisis de sangre. Este análisis detectaría los cánceres antes de que causen síntomas y cuando aún se pueden curar sólo con cirugía.
“Hemos elegido estos ocho tipos de tumores porque juntos suman más del 60% de las muertes por cáncer y porque, para cinco de ellos, no hay ninguna prueba de cribado disponible”, declara por correo electrónico Nickolas Papadopoulos, investigador principal del estudio, de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore (EE.UU.). “En principio, el test se puede aplicar a otros tipos de cáncer en el futuro”.
Los cinco cánceres incluidos en el estudio para los que no hay pruebas de cribado, y que por lo tanto se suelen diagnosticar cuando la enfermedad ya está avanzada y causa síntomas, son los de hígado, páncreas, estómago, esófago y ovario.

La técnica se ha probado en muestras de 1005 pacientes que ya habían sido diagnosticados
Los tres restantes son el de mama (para el que existe la mamografía); el colorrectal (que se puede prevenir con colonoscopia y detectar precozmente con la prueba de sangre oculta en heces); y el de pulmón (que se puede detectar con un TAC, aunque por ahora las sociedades de oncología se abstienen de recomendarlo porque la gran mayoría de casos sospechosos que se identifican no corresponden a cánceres).
El test desarrollado por el equipo de la Universidad Johns Hopkins, que han llamado CancerSEEK y para el que ya han solicitado patentes, se conoce como una biopsia líquida. Se basa en la idea de que, si se puede analizar el material procedente de un tumor que circula en la sangre, se puede obtener información sobre este tumor sin necesidad de realizar una biopsia del tejido, que sería más invasiva.
Esta idea ya se utiliza en el tratamiento de algunos cánceres para evaluar si un paciente que ha sido diagnosticado previamente está respondiendo a un fármaco. En estos casos, se sabe con antelación qué alteraciones genéticas concretas debe buscar la biopsia líquida, ya que se conoce el tipo de tumor que tiene el paciente y el tratamiento que está recibiendo.
Pero extender la biopsia líquida a la detección precoz de distintos tipos de cáncer en la población general es mucho más difícil técnicamente. De entrada, porque no hay dos tumores iguales y, como cada uno tiene un perfil genético propio, hay una mayor variedad de alteraciones genéticas posibles. Además, porque tumores incipientes suelen liberar cantidades pequeñas de material a la sangre, de modo que hacen falta técnicas de análisis más sensibles para detectarlos.
Una dificultad adicional es que cánceres que se originan en órganos distintos tienen en ocasiones alteraciones en común, de modo que detectar estas alteraciones no aclara dónde se encuentra un tumor. Y finalmente –y muy importante– la técnica debe ser lo bastante sensible para detectar el mayor número posible de cánceres pero lo bastante específica para no identificar como sospechosos casos que no lo son –que es el problema del TAC con el cáncer de pulmón–.
Para resolver estos problemas, los investigadores de Johns Hopkins han combinado el análisis de ADN procedente de los tumores con el análisis de proteínas, también de origen tumoral. Para el ADN, el test CancerSEEK se centra en 16 genes en los que se buscan 2.001 posibles alteraciones. Para las proteínas, la lista se ha limitado a ocho.
Los resultados del análisis se procesan con un programa de inteligencia artificial que determina si hay indicios de cáncer y en qué órgano es más probable que se encuentre. En caso de que los haya, serían necesarias más pruebas para confirmar el diagnóstico.
La Vanguardia
