El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha realizado este miércoles (madrugada del jueves en España) el discurso de apertura de la inusual convención republicana de mitad de mandato. Y como anuncio principal, el mandatario ha prometido un dividendo de 5.000 dólares para cada estadounidense adulto si el partido gana en las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
«La única salvedad que tengo es que el dividendo que estamos generando debe gastarse en los Estados Unidos de América«, ha apuntado, sin dar más detalles de cómo se haría la transferencia. Dado que hay aproximadamente 270 millones de adultos en Estados Unidos, la idea supondría un coste de unos 1,35 billones de dólares.
Desde Dallas, Texas, con un discurso cargado de chascarrillos, supuestos logros en materia económica y de inmigración o ataques a las fake news y la «izquierda comunista», Trump ha enfatizado la idea de lograr un hito como es ganar las elecciones de mitad de mandato desde el partido que está en el poder, algo que solo ha ocurrido tres veces [Franklin D. Roosevelt en 1934 (demócrata), Bill Clinton en 1998 (demócrata) y George W. Bush en 2002 (republicano)].
Para el magnate, los próximos comicios son los más importantes de la historia solo por detrás de los ‘tres’ que él ha ganado, puesto que se sigue atribuyendo la victoria en 2020 ante Joe Biden, a quien ha vuelto a insultar llamándole «somnoliento». «Nuestro país se irá al infierno si perdemos«, ha señalado Trump, «si no hubiéramos ganado las últimas elecciones, nuestro país ni siquiera existiría», ha llegado a decir.
Por ello, tras casi dos horas de alocución, ha alentado a sus seguidores a salvar el país con sus votos, «derrotar a los comunistas y defender nuestra libertad«. «Vamos a hacer América fuerte, saludable, rica, orgullosa, segura y grande otra vez», ha concluido, como es habitual en él, antes de irse bailando al ritmo de Y. M. C. A. de los Village People.
«Estrecho de Trump» o «Nuevo América»
Más allá del anuncio del «dividendo Trump», el presidente ha repetido de forma continua todos los pilares de su discurso durante los dos últimos años de mandato: su éxito financiero, la superioridad energética, cerrar la frontera, eliminar el crimen, acabar con las políticas LGTBIQ+ y trans y, en menor medida, tal vez porque sabe que es una de las principales críticas que recibe, de la guerra de Irán.
Trump ha vuelto a justificar las negativas consecuencias económicas de la guerra señalando que tenía que bombardear el país persa para «evitar que tuvieran el arma nuclear». Además, ha asegurado que controlan cualquier cosa que haga el régimen de los ayatolás.
En este sentido, el mandatario republicano ha vuelto a dejar caer la idea de que renombrará al estrecho de Ormuz como «estrecho de Trump». Una rutina que él mismo ha procurado recordar durante el discurso, mencionando el «golfo de América» (en vez del golfo de México), el «lago América» (en vez del lago Ontario) o hasta «Nuevo América», en referencia al Estado de Nuevo México.
Unos chistes para los que todo el público ha estado entregado, si bien no tuvo el lleno deseado. Hasta Trump se adelantó a las críticas y bromeó con que la cancha de los Dallas Mavericks estaba llena y pedía que nadie fuera al baño porque los fake news (término que usa de forma general para los periodistas que según él hacen noticias falsas) escribirían que no logró el aforo completo. Las gradas superiores, decoradas con banderas estadounidenses, permanecieron prácticamente vacías por la noche.
Un hecho que no le bajó el ánimo a Trump, que celebró «el mayor acuerdo de la historia» de petróleo con Venezuela, volviéndolo a enmarcar en 150 años, mientras que Caracas lo sitúa en una vigencia de 25. Un asunto que el presidente aprovechó para soltar otro chascarrillo, bromeando con lo fácil que es encontrar petróleo allí. Hasta se atrevió a definir el traspaso de Luka Doncic a los Lakers como el «peor de la historia» y de «rehacerlo para traerlo de vuelta a Dallas».
Solo se puso algo más serio para recordar a Charlie Kirk, cuyo asesinato cumple este jueves un año. El acto en su memoria pondrá el cierre a la convención después de un nuevo discurso de Trump (que ha prometido que será más flojo).
Un plebiscito a su baja popularidad
El evento no tiene ninguna finalidad clara, más allá de exaltar la figura del mandatario y su administración. Las grandes convenciones de los partidos Republicano y Demócrata suelen celebrarse exclusivamente en los años de elecciones presidenciales, con el objetivo de nominar al candidato definitivo. A mitad de mandato esta decisión todavía queda lejos, por lo que solo queda reafirmar el liderato de Trump. Aunque él ya ha vaticinado que «se convertirá en algo habitual de aquí en adelante«.
NAM/RTVE
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