La llegada de Letizia Ortiz a Zarzuela trajo un sinfín de novedades, entre otras, que las líneas que atañen a la privacidad personal quedarían nítidamente definidas por ella misma, no por el Jefe de la Casa –hoy Jaime Alfonsín– o por los consejos de su marido, Jefe del Estado y titular de la Corona. Una reina con fuerte personalidad y cuyo gusto por la discreción ya nos es familiar. ¿Qué hará doña Letizia para conmemorar una cifra tan redonda como su 45 cumpleaños? Sencillamente, lo ignoramos. Su agenda está despejada de citas oficiales y, si ocurre algo realmente importante más allá de la privacidad, lo sabremos cuando Su Majestad lo desee.
En su primer cumpleaños como princesa de Asturias, aquel en que doña Letizia sopló 32 velas, todo era muy distinto. Casi otra vida. Entonces, unos días antes del 15 de septiembre –en la fecha exacta viajó con don Felipe fuera de España para estar a solas–, recibió a parte de su familia en Zarzuela: su madre, Paloma Rocasolano; sus abuelos Enriqueta y Francisco, su hermana Erika con su sobrina Carla y algunos primos allegados. De aquel querido grupo faltan sus dos abuelos y su desdichada hermana. Su primo David Rocasolano la traicionó publicando un libelo muy dañino. Fue, literalmente, un cumpleaños irrepetible.
El año siguiente, su madre volvió a estar con ella en Zarzuela y la nota distintiva fue que doña Letizia estaba embarazada ya de la princesa Leonor. Supimos posteriormente que comieron tarta de chocolate ofrecida por la propia cumpleañera y que recibió un juego de joyas de manos de don Felipe. En cambio, no estuvieron los reyes Juan Carlos y Sofía, de viaje en Barcelona, que sí cenaron con ella en 2005. Embarazada de siete meses viajó a Praga para inaugurar el Instituto Cervantes y asistió a un partido de fútbol entre España y Serbia. ¿Cuánto hace que no la ven en un palco? Ahora son las pequeñas Leonor y Sofía las compañeras eventuales de Felipe VI.
En 2011 no pudo ni comerse el pastel: tras dejar a Leonor y Sofía en el colegio, viajó con don Felipe a París para asistir, ese mismo día, al VII Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo. Al día siguiente, tenía en Madrid cita con el I Congreso Internacional de Ética y Turismo. Debemos llegar, por fin, a su 40 cumpleaños para encontrar algo realmente memorable: la sesión de fotos realizada por Cristina García Rodero y que nos mostró a los aún príncipes con sus hijas como una familia feliz en la intimidad: sonrientes en el sofá del jardín, leyéndoles un cuento, la pequeña durmiendo, ella abrazada a Felipe… También los mejores retratos de doña Letizia. Las 16 instantáneas, distribuidas por la Casa del Rey, tenían la misión de acercar a la futura familia reinante a los ciudadanos, pues coincidió con una renovación completa de la web de la Casa. Este tipo de sesiones fotográficas, tan comunes en las monarquías del norte de Europa, son un bien escaso en nuestros lares. No se ha repetido.
Tras el celebradísimo reportaje por su 40 aniversario, nos encontramos un páramo informativo en 2012 y 2013 para llegar al siguiente hito importante en su historia y en la de la Corona: en 2014 celebró su primer cumpleaños como reina de España tras diez como princesa de Asturias. Ese 15 de septiembre sí tuvo un acto por la mañana, la entrega del Premio Luis Carandell de Periodismo Parlamentario, la primera ocasión que asistió sin Felipe VI y la primera vez (que sepamos) que almorzó con un grupo de colegas del gremio. El asunto se ha animado desde esa fecha: en 2015 celebró su onomástica nada menos que en la Casa Blanca junto a Barack y Michelle Obama. Fue el reencuentro con la entonces primera dama, tras aquel verano de 2010 en que coincidieron en Marivent.
De aquellos días en Washington nos quedan impresiones para la historia, como la visita al huerto ecológico con zapatos de tacón y la felicitación de Obama a la reina, tanto por su cumpleaños como por su papel como embajadora de la FAO para la Nutrición, una de sus dos causas predilectas.
La Vanguardia
