Nadie recuerda cuando el hipermercado Las Pulgas, al centro de Maracaibo, considerado como uno de los mercados populares más grandes del continente y añejo en historia y recorrido, se apreció salubre, ordenado, ornamentado, limpio y transitable. No hay un recuerdo cercano que evoque esos días, pero lo que ocurre hoy en Las Pulgas es algo que no tiene comparación.
Hace un año, Las Pulgas fue decretado epicentro y alto foco de contagios por coronavirus. Entre otras cosas, porque muchos de los comerciantes iban a Colombia y regresaban sin tomar las más mínimas medidas de protección.

Tal fue el grado de contagios por COVID-19 con epicentro en Las Pulgas, que el mercado fue cerrado casi el año entero.
Trascendió que por ese lapso prolongado de tiempo, las autoridades regional y local intervendrían Las Pulgas para aprovechar su cierre temporal en remodelar, refaccionar, reestructurar y restablecer el orden perdido.

Hubo intentos
Ciertamente, la Gobernación del Zulia a través del Centro Rafael Urdaneta (CRU) en la gestión del ingeniero Francisco Urbina informó que había un megaproyecto para recuperar Las Pulgas y era el momento, pero poco fue lo que se hizo. Hubo un despeje importante, una limpieza que pronto pasaría al olvido, porque en Las Pulgas pasa lo que toda la vida ha pasado con cada obra que se entrega en este país; No hay mantenimiento ni continuidad en los proyectos y por eso mueren.

Si limpiaron y si desalojaron de las aceras o vías peatonales una enorme cantidad de trabajadores informales, que en su momento se aglomeraron en un espacio conocido como Kai Kai, contiguo a Las Playitas, que queda en la esquina de la avenida Pomona antes del Cine Lido.

Ese espacio, inclusive, se creó hace muchos años para reubicar allí a trabajadores informales y se levantaron algunos módulos que nunca fueron usados, hasta que años después fueron medianamente ocupados por vendedores.
Kai Kai se convirtió en una réplica en miniatura de Las Pulgas, más pequeño, más aglomerado, más anárquico y más cochino que todo el mercado del casco central.

Hubo que desalojar Kai Kai. El alcalde de Maracaibo, Wully Casanova tomó una acertada decisión, desalojar Kai kai, pero hasta allí quedó eso.
Los buhoneros quedaron nómadas y comenzaron a disponerse regados por toda la avenida Pomona, áreas circundantes al Terminal de Pasajeros y bordeando a Las Pulgas, por el lado del mercado periférico.
Recientemente, como se aprecia en esa fotografía de abajo, se levantaron nuevos módulos en Kai Kai para «poner orden» pero, si esto no viene acompañado de un programa del buen uso y aprovechamiento del recurso, pasará lo mismo, pronto se irán a robar los techos y láminas de metal y se volverá eso un conchinero.

¿Y en Las Pulgas?
La Gobernación y la Alcaldía, en articulación con el Sistema de Salud, procedieron a limpiar y desinfectar el gran mercado, mientras permanecía cerrado a consecuencia del foco infeccioso.

Casi el año transcurrió así el mercado y se pensaba que durante ese tiempo se trabajaría en rediseñar la distribución de los espacios comerciales, pero poco se hizo.
Llegó la hora del regreso de los comerciantes, formales e informales a Las Pulgas y muy poco fue el cambio que se apreció. Las amplias zonas despejadas pronto se volvieron a llenar de buhoneros.
Allí no hay respeto por el distanciamiento físico ni una total obediencia en cuanto a las normas de bioseguidad.

Foto tomada en Las Pulgas, este martes 20 de abril de 2021
Desde luego, los locales comerciales de origen en Las Pulgas, por primera vez en años mostraron su rostro. Los propios comerciantes participaron en la adecuación y refacción de sus propios locales.
Pero, adentrarse a Las Pulgas, caminar entre sus locales, «pulgas adentro» es una verdadera calamidad.
Bostezar en Las Pulgas, sin taparse la boca o aspirar aire con la boca abierta -cosa que se haría por error- significaría tragarse en esa sola bocanada no menos de 80 moscas. Un literal basurero.
Hoy en día Las Pulgas vuelve a mostrar su rostro miserable de siempre. Vuelve a ser bomba de tiempo. Hubo presencia policial y de vez en cuando, todavía hay un patrullaje que también se muestra indiferente al problema.

Foto tomada este martes 20 de abril de 2021
De nuevo se aprecia la anarquía en el buhonerismo. Se colocan donde y como les da la gana, usan las áreas de seguridad vial como separadores para montar ahí sus tarantines y sus ventorrillos de cuanto Dios creó sin que exista un seguimiento y una contraloría de como hacer las cosas.

La desagradable e ilícita práctica de andar con el fajo de billetes nacionales e importados (pesos y dólares) para canjearlos, sigue siendo el pan nuestro de cada día en Las Pulgas. En el círculo verde se observa una «casa de cambio » humana, deambulando por toda el área ofreciendo billetes en una ilegal operación en la cual le cobran al «cliente» un porcentaje digno de un atraco a mano armda, por el canje de efectivo.
Foto tomada este martes 20 de abril de 2021

Foto tomada este martes 20 de abril de 2021
Allí no se respeta nada. Sigue funcionando el mercado negro de canje e billetes, sigue la aglomeración y el irrespeto al distanciamiento físico. Sigue reinando la anarquía y la basura. Simplemente, en Las Pulgas, van para atrás como el cangrejo.
NAM/Ernesto Ríos Blanco
