El empate en Londres era previsible. La eliminación, luego del doble empate contra el Qarabag, era solo cuestión de tiempo y de que los números terminaran de dar. El tiempo ese mismo que parece haber terminado con la era del Cholo en Madrid.
Dos finales de Copa de Europa y un campeonato de Liga, más difícil de ganar que la Champions debido a que te enfrentas a las dos mejores plantillas del mundo, encabezan el curriculum de Simeone en suelo español como entrenador.
La eliminación, lo que parecía común antes de la llegada del argentino, cinco años después es una fracaso. Así lo logró Simeone con su impronta y su ojo clínico para determinar situaciones y elegir jugadores acorde a esas complicaciones. Un genio de la táctica y de la motivación, lo que lo ha llevado al olimpo.
En un escenario complicado le tocó coexistir con dos equipos bien construidos. La ausencia se sangre nueva, no pudo fichar, terminó afectando la falta de variantes en el juego competitivo a esos niveles. Chelsea se lo comió vivo en ambos juegos, relegándolo a la mediocridad, y Qarabag sacó a la luz las irreconocibles deficiencias. La reacción, 4 de 6 puntos, llegó muy tarde. Roma y Chelsea jugaron mejor sus cartas en los momentos claves.
Hoy, el día después del fracaso, el Atlético tiene que enfocarse en regresar a ser esa bestia competitiva, esa que en 180 minutos podía desesperar a cualquiera, y después replantearse que viene para el futuro. Simeone, con ese mismo ojo clínico con el que toma decisiones, debe considerar si todavía tiene cosas que entregarle a esta plantilla que hoy parece no ser suficiente para volver a competir en lo más alto.
Rueda de prensa post 1-1 en Londres:
Javier Parra Peña
NV1
