«Si a principios de esta semana yo les hubiese preguntado qué significaba para ustedes el nombre de Morgan Freeman, creo que habrían usado frases como ‘actor amable de apariencia amistosa y de edad avanzada […] especializado en roles benignos –incluso el de Dios–’, y no [dirían algo como] ‘testaferro idiota de una operación ultraderechista y neoconservadora apoyada por belicistas de la época del [expresidente estadounidense George] Bush y el exdirector de la Inteligencia Nacional y diseñada para demonizar a Rusia y hacer incluso más fría la nueva Guerra Fría'», plantea el periodista británico Neil Clark en su más reciente artículo de opinión para RT.
«Lamentablemente, en eso se ha convertido» el actor estadounidense, asegura el periodista.
Se trata de su reacción ante el video protagonizado por Freeman, en el cual el afamado actor hollywoodense promueve la investigación de una supuesta interferencia del Gobierno ruso en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de 2016. Según Clark, este video no es otra cosa que muestra de «una rusofobia al máximo nivel de espuma por la boca que jamás se haya visto, y multiplicada por diez».
«Un ataque inexistente al país que realiza cualquier tipo de ataques»
«Nos han atacado. Estamos en guerra», asegura Freeman en el video. Y Clark destaca que el actor no habla de los bombardeos a Yugoslavia, el lanzamiento de la ‘madre de todas las bombas’ contra Afganistán o la «destrucción de Libia» —como ejemplos de intervenciones militares realizadas por Washington—, sino de «un ataque inexistente al país que realiza cualquier tipo de ataques».
En la grabación, Morgan Freeman tachó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, de «exespía de la KGB enfadado por el colapso de su patria» que ahora «traza un rumbo para la venganza» y «utiliza la ciberguerra de manera secreta para atacar las democracias de todo el mundo». Y resula ser, recuerda el periodista, que el mandatario ruso «se ha partido la espalda» para hacerse amigos en EE.UU., mientras que Washington «le ha respondido con sanciones a su país y presentándolo como el ‘Nuevo Hitler».
Las afirmaciones de Freeman, sostiene Clark, no tienen asidero en la realidad. «La propaganda neoconservadora nunca la tiene», agrega. Como otros ejemplos enumera la supuesta presencia de armas de destrucción masiva en Irak, el presunto genocidio en Kosovo y las declaraciones respecto al supuesto desarrollo de armas nucleares en Irán. Todas estas informaciones son «tonterías», así como lo son los presuntos vínculos entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y Rusia, sostiene el periodista británico.
