viernes 5 de junio de 2026

¡AUNQUE USTED NO LO CREA! Blindar un vehículo en Venezuela puede costar hasta $85.000

Con una clientela cada vez más reducida, la industria del blindaje de vehículos sobrevive al amparo del indetenible incremento de la delincuencia y gracias al impulso de un negocio que aunque disminuido, sigue transándose básicamente en billetes verdes, así lo reseñó El Estímulo.

Vigoroso durante años gracias a una industria automotriz próspera e índices delictivos en aumento, la solidez que tuvo este sector se ha visto fuertemente afectada, al punto de que no falta quien diga que habría desaparecido de no ser porque la inseguridad mantiene una línea ascendente tan pronunciada como la inflación.

Pese a que el flagelo de la delincuencia no muestra señales de dar tregua, desde la industria del blindaje se asegura que la actividad ha mermado entre 60% y 70% -algunos dicen que hasta más-; cifra que sin embargo sigue siendo bien apreciada por viejos actores y exponentes de nuevo cuño que buscan sacar provecho de un negocio que se mueve casi por completo en dólares.

“Sin duda nos hemos visto muy afectados. La verdad es que este año apenas hemos recibido cerca de una cuarta parte de los carros que recibimos el año pasado por esta fecha”, asegura la empleada de una empresa del ramo que prefiere el anonimato, quien subraya que si son muchas las razones de esta debacle, la situación política vivida en el segundo trimestre del año es una las principales cusas del deterioro del negocio.

Rosario de obstáculos

Una dramática caída de la producción nacional de vehículos, la inestabilidad política, la crisis económica en sí, la diáspora venezolana y la fluctuación cambiaria, son solo algunas de las causas que Diego Bavio, presidente de Santa Cruz Blindados, pone sobre el tapete para explicar el comportamiento del sector.

“Son muchos los factores que nos han afectado, pero sobre todo la volatilidad del dólar. Por suerte, con las subastas de Dicom varias empresas han podido respirar y se ha recuperado un poco la actividad, obviamente, no como en años anteriores”, dice el especialista con varias décadas en asesoramiento a sus clientes en materia de seguridad.

Asegura que su empresa –una de las más antiguas del negocio en el país- ha atendido este año cerca de la mitad de los clientes facturados en 2016, situación ventajosa si se compara con las cifras aportadas por la empleada de la competencia antes mencionada. Y ni punto de comparación con las épocas de bonanza, cuando cada mes podían recibir hasta 120 unidades, cifra que ya para el año pasado se había reducido a unas 12.

“Mucha gente ha migrado, en especial de los sectores con mejor poder adquisitivo, que son nuestros mejores clientes actuales y potenciales”, refiere Bavio en atención a la caída de la cartera.

No menos importante es el hecho de la salida de varias transnacionales del mercado. Para muestra un botón: la salida de Kimberly Clark, empresa expropiada el año pasado, dejó a Blincoven sin uno de sus principales clientes. “La empresa preparaba los autos de todo su tren ejecutivo. Son usuarios que perdimos”, señala un empleado de la blindadora asentada en Maracay, estado Aragua.

Duro golpe al bolsillo

Tratándose de un mercado que se transa preferiblemente en dólares pues más de 95% de los insumos son importados, los costos del blindaje no han sufrido mayores alzas. “Nuestros costos en dólares no han aumentado y se mantienen prácticamente iguales”, dice Bavio, cuya opinión es mantenida por un vocero anónimo de otra firma, quien recuerda que muchas empresas del ramo han tenido que convertirse en importadoras de los materiales que requieren.

De cualquier manera el monto a cancelar por el cliente sigue dependiendo del nivel de aseguramiento que requiera, tomando en cuenta que según se apliquen las normas estadounidenses o europeas, el grado de reforzamiento varía del nivel I al V, aunque algunos parámetros incluyen estándares que llegan al estadio VII.

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VN1 / El Estímulo