En comuidades enteras del municipio sureño los camiones de aseo urbano no entran desde hace años. La mugre se acumula en esquinas, terrenos baldíos, inmediaciones de plazas, espacios deportivos y educativos, comercios y avenidas. Mientras, las unidades con las que el Estado debe prestar el servicio permanecen desguazadas en al menos dos patios.
Zonas como Plaza y Ciudad del Sol, El Nino, San Felipe, Sierra Maestra, Betulio González, San Benito, la carretera Vía La Cañada y La Coromoto. En medio de la ausencia del servicio de recolección de basura por parte del Municipio, los vecinos la tiran y queman en vertederos a cielo abierto.
La acumulación de basura provoca focos de infección, proliferación de plagas y enfermedades gastrointestinales, respiratorias y micóticas. La Fundación Azul Ambientalistas detalló, en una posición que fijó en 2018 sobre el problema en el municipio, que la contaminación por basura implica daños al suelo, aire y agua, pero además puede contaminar cualquier entorno de cualquier ámbito.
La quema de la basura genera un humo con gran cantidad de sustancias químicas dañinas para el hombre y contaminantes para el ambiente: monóxido de carbono, dióxido de azufre, material particulado, metales pesados, dioxinas, furanos y CO2 (dióxido de carbono), un gas de efecto invernadero que causa el cambio climático.
Entre los efectos inmediatos a la salud producidos por estos contaminantes están el ardor en los ojos, irritación de las vías respiratorias y exacerbación del asma. “Pero también padeceremos los efectos causados en el mediano y el largo plazo, como el enfisema pulmonar, el cáncer, la disrupción endocrina, espina bífida, malformaciones y alteraciones neuroconductuales, estas últimas causadas por las dioxinas y los furanos, que son las sustancias más tóxicas que existen en el planeta, y que se forman durante la combustión de residuos orgánicos”.
